Festival de Cannes – 5ª jornada – Carol y Amy Winehouse

Por Henar Álvarez

Mi tarjeta amarilla no me ha permitido ver ‘Carol’ ni ‘The sea of trees’ en el primer pase de prensa. Esta mañana debía escoger entre una o la otra y dados los comentarios que se han vertido sobre ambas, preferí ver ‘Carol’. Eso no significa que no vaya a ver la película de Gus Van Sant, simplemente que tendrá que esperar un día más. Los comentarios de los asistentes al primer pase de ‘Carol’ eran motivadores: “Obra de arte”, “una joya”, “ya tenemos palma de oro”… Como suele pasar cuando las expectativas están en lo más alto de la escala, el hype se nos ha desinflado a la media hora de comenzar.

Todd Haynes dirige esta adaptación de la novela de Patricia Highsmith, una historia de amor entre Cate Blanchett y Rooney Mara ambientada en los años 50. No será sorpresa para el lector que diga que ambas protagonistas interpretan con maestría sus papeles, sin embargo, esto sirve de poco si deben dar vida a un guion arcaico y con una estructura plana. Harvey Weinstein, el productor del film, sabe como elaborar productos redondos: Impecable realización, ambientación perfecta, actores gancho para la taquilla y posibilidades infinitas de obtener nominaciones en los próximos Oscar. ‘Carol’ tiene todos los ingredientes para que nuestros padres y abuelos salgan encantados del cine.

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Weinstein debió atisbar un filón en la temática lésbica. Si bien existen infinidad de títulos sobre la homosexualidad masculina, la femenina ha pasado más desapercibida. Quizá ‘La vida de Adele’, ganadora de la Palma de oro en 2013, es demasiado explicita para el público general, ese que tiene que abrir la cartera en masa para llenar las arcas de las grandes majors. Carol es elegante, los cuerpos de las amantes solo se enredan en una ocasión y los hombres toman el rol de educar a la mujer en el camino que debe seguir para tener una vida plena.

Cate Blanchett, que también ha sido productora ejecutiva de la cinta, resucita a su personaje de ‘Blue Jasmine’, solo que a su pasión por el dinero le añade su pasión a las mujeres. Ella vuelve a ser esa señora que se desliza al andar, que fuma como si realmente hubiera nacido en los 50, que habla con la mirada y su forma de cerrar la comisura de sus labios, ella y solo ella, tomas las decisiones que harán avanzar o estancarse en su relación con Rooney Mara, una joven dependienta en la que se fija cuando va a comprar los regalos de Navidad de su pequeña. Al margen de la calidad de sus interpretaciones, como pareja no son creibles. Entre ellas no hay química. La imagen radicalmente opuesta de las clases que representan cada una, la diferencia de edad y las personalidades tan dispares, crea la sensación de estar viendo a una ama ordenando a su lacayo. Cate Blanchett se envuelve en sus abrigos de visón como si fuera ‘La venus de las pieles’. 

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Amy Winehouse murió a los 27 años como los grandes. El documental ‘Amy‘ recoge grabaciones con sus amigos, su exmarido Blake Fielder-Civil y numerosas declaraciones de familiares, artistas y colegas de la profesión.  El director de ‘Senna’, Asif Kapadia, muestra las debilidades de la cantante desde que era una adolescente. La vemos afirmando que la encantaría pasarse un día entero fumando marihuana cuando ni siquiera había grabado su primer disco. 

Entre los testimonios visuales de su vida privada, las letras impresas de las canciones que ella misma escribía dejan constancia de como el miedo en sus relaciones amorosas le generaba unas heridas incurables. Le escuchamos decir que su padre no estuvo nunca cuando era una niña y que por eso confía plenamente en su madre. A modo de diagnóstico freudiano, se agarra a sus parejas como si fuera la última oportunidad en la vida de ser querida. Y seguramente era verdad.