‘Una nueva amiga’: Un cuento sobre la identidad – Entrevista con François Ozon

Por David García Gallardo

François Ozon comenzó su carrera a finales de los 90 como uno de los “enfants terribles” del cine francés con filmes que buscaban transgredir los géneros a los que inicialmente pertenecían. ‘Sitcom’, su debut, empezaba como una comedia televisiva para todos los públicos y terminaba de una manera poco familiar y bastante bizarra. ‘Amantes criminales’ era una curiosa puesta al día del cuento de Hansel y Gretel y ‘Swimming Pool’ o ‘En la casa’ jugaban con los códigos del thriller y la creación literaria. Autor de una prolífica carrera (casi todos los años estrena alguna película), el tono de fábula está siempre presente en la obra de Ozon, con unos personajes que viven en un mundo propio y que toman decisiones que no tienen muy en cuenta los principios de lo socialmente aceptado o lo políticamente correcto. Por ejemplo, si en ‘Joven y bonita’ una joven decidía prostituirse por decisión propia, como forma de exploración vital, en ‘Una nueva amiga’, un hombre decide explorar su lado femenino al perder a su mujer.

Dos amigas de la infancia, Claire (Anaïs Demoustier) y Laura (Isild Le Besco) lo comparten casi todo. Las dos se casan y Laura tiene un bebé. Al poco tiempo, Laura enferma gravemente y le hace prometer a Claire que cuidará del bebé y a su marido David (Romain Duris). Después de su muerte, la amiga decide ir a visitar al padre y al bebé, pero le espera una tremenda sorpresa.

Con una historia como ésta, ‘Una buena amiga’ podría haber sido una comedia petarda o un drama romántico, pero François Ozon mantiene un fino equilibrio entre ambos registros y evita que la trama se le vaya de las manos hacia terrenos más exagerados. Porque lo cierto es que hay un soterrado humor negro en la peripecia de ese David que se siente más cómodo siendo Virginia y esa Claire que nunca había sentido un especial interés por David y que empieza a sentirse atraída por Virginia, pero el narrador no pierde la capacidad de mostrar ternura por ambos personajes y hacer que el público sienta simpatía por ellos. Algo que queda patente cuando a los pocos minutos de metraje descubrimos de la mano de Claire el travestismo de David y lo hacemos con esa mezcla de ridículo y perplejidad que experimenta ella, entre la risa y la comprensión de sus motivos.

Ozon se ha inspirado en un relato de la escritora británica Ruth Rendell, influido por el sentido hitchconiano de la persona que vuelve a la vida cuando otra se pone sus ropas. Si en ‘Rebeca’, ‘Vértigo’ o ‘Psicosis’, el mago del suspense hablaba de la presencia del espíritu de personas fallecidas en aquellas que tomaban su apariencia externa, Ozon hace que su protagonista empiece a desarrollar sentimientos por el marido de su amiga muerta cuando le descubre con los vestidos de ella. Claire siempre quiso mucho a su amiga, pero como se explica en el excelente prólogo del filme, ese amor amistoso quizá escondía otro tipo de sentimiento, algo que ella misma vuelve a experimentar cuando David empieza a mostrarse como Virginia y Claire empieza a sentir cariño por una persona a la que envidiaba por haberle arrebatado a su mejor amiga.

Y no será Claire la única que se vea conmovida por la decisión de David, pues el propio protagonista se da cuenta de que es posible que su lugar en el mundo esté en ser mujer, al sentirse más liberado y seguro de sí mismo con vestidos, peluca y tacones. A él siempre le han atraído sexualmente las mujeres, pero desde pequeño ya fantaseaba con cambiar su apariencia cuando se ponía las prendas de su madre. Y vestido de mujer le gusta más a su propia hija pequeña, que llora menos cuando ve a Virginia, del mismo modo que Claire disfruta más con Virginia, con la que va de compras y sale de fiesta. Romain Duris y Anaïs Demoustier rayan a muy buen altura y muestran la química necesaria en los papeles de ese hombre de personalidad atribulada y esa mujer que busca en él las huellas de su amiga fallecida. Ambos son las puntas de lanza de un curioso cuento que muestra cómo muchas veces la vida se acaba abriendo camino a través de las convenciones sociales. Un cuento que podría tener como moraleja aquella frase de Simone de Beauvoir, que aseguraba que no se nace mujer, sino que se llega a serlo.

Y con motivo de la presentación en España de ‘Una nueva amiga’, tuvimos la oportunidad de charlar con François Ozon, para comentar algunas de las claves de esta curiosa historia.

François Ozon, director de ‘Una nueva amiga’

-¿Cómo fue el proceso de casting?

Vi a muchos actores franceses cuando empecé a hacer el casting. A todos les disfrazamos, les pusimos pelucas y el que más cómodo se sentía era Romain Duris, así que por su comodidad le escogí. Además, él tenía muchas ganas de hacer un personaje femenino y eso ayudó mucho a la construcción del personaje.

-La película puede ser entendida como un planteamiento sobre las teorías de género, qué es lo masculino y lo femenino y el llamado “tercer género”

Lo que no sé es si hay que ponerle un nombre. Yo estoy totalmente a favor y si hay un cuarto quinto o sexto género también lo estoy (risas).

-Hay algo de Hitchcock en tu película sobre el tema del travestismo, presente en ‘Rebeca’, ‘Vertigo’ o ‘Psicosis’ ¿Encontraste inspiración en él?

Desde luego que he pensado en Hitchcock. No en ‘Psicosis’, porque ahí es la perversión total, lo opuesto de mi película, porque allí el protagonista se disfrazaba de su madre y guardaba su cuerpo en el sótano, acordaos (risas). La película que me inspiró fue ‘Vertigo’, donde James Stewart trata de hacer revivir a una muerta y aquí hemos invertido los sexos, aquí es Claire quien intenta hacer volver a la vida a Laura a través de David. Aparte de eso, el tono en ‘Vertigo’ era más dramático que el que yo he querido mostrar en mi película.

-En el filme se aprecia una gran interacción entre la banda sonora y los personajes

Con Philippe Rombi, el compositor, quisimos hacer una música muy específica para cada uno de los géneros que tiene la película. Hay temas que se repiten dos veces, durante la infancia, adolescencia y edad adulta, al igual que pasa con algunos decorados, que aparecen con Laura y Claire de pequeñas y luego aparecen otra vez con Virginia y Claire en la edad adulta. En ese sentido, es una película de espejos.

 

-A lo largo de tu obra parece existir una contradicción entre el deseo y la realidad, entre lo que los personajes desean y lo que obtienen

Lo que me interesa sobre todo es mostrar a personajes que creen que desean algo e incluso se esfuerzan en conseguir ese algo, cuando en realidad no es lo que desean. Y su fantasía y sus ensoñaciones si muestran mucho más lo que desean y son.

-¿Crees que el cine ayuda a eliminar tabúes en la sexualidad?

Sí, creo que sí. ¿Quién no ha soñado, quién no se ha enamorado o quién no se ha excitado viendo una película? Mucha gente ve películas porno, muchas más personas de las que lo dicen, así que el poder de la imagen puede abrir puertas. No sé si sería una buena idea, pero quizá en el colegio se podría proponer como educación sexual ver pornografía, bueno, cine erótico (risas).