‘Caza al asesino’: La paradoja de Sean Penn

Por David García Gallardo

Sean Penn siempre ha tenido el aura de ser un verso libre, alguien que sigue un camino propio, no siempre predecible. A principios de los años 80 logró su primer papel de relevancia como el estrafalario Jeff Spicolli en ‘Aquel excitante curso’, un rol cómico que es una de las raras excepciones en las que el actor ha hecho reír ante la cámara. Y es que su carrera ha estado marcada por las interpretaciones de personajes en ocasiones oscuros, muchas veces ambiguos, en filmes como ‘Atrapado por su pasado’, ‘Pena de muerte’, ‘Acordes y desacuerdos’,21 gramos’, ‘Mystic River’ o ‘Mi nombre es Harvey Milk’, que le valieron estas dos últimas los Oscar que actualmente posee. Ese deseo de dar vida a historias que representaran los claroscuros del ser humano también se ha visto refrendado en sus incursiones como director, con ‘Extraño vínculo de sangre’, ‘El juramento’ o ‘Hacia rutas salvajes’. A pesar de trabajar durante años en el sistema de grandes estudios, Penn se ha mostrado contrario a muchas ideas y muchas políticas de Estados Unidos y ha dado que hablar con sus críticas a la guerra de Irak y su apoyo al presidente venezolano Hugo Chávez, al que lloró en su muerte. Y a pesar de no ser muy favorable a la vida frívola y endogámica que muchas veces se vende desde Hollywood, eso no le ha quitado de emparejarse con celebridades, caso de sus matrimonios con Madonna y Robin Wright o relaciones con Scarlett Johansson y Charlize Theron. Esa contradicción puede sacar de quicio o ser la evidencia de la paradoja que muchas veces nos envuelve a lo largo de nuestras vidas. Y fruto de esa paradoja, ahora Penn ha decidido aparcar de momento los personajes complejos para convertirse en héroe de cine de acción en ‘Caza al asesino’.

El francotirador Jim Terrier (Sean Penn), miembro de un equipo de mercenarios asesinos, mata al Ministro de Minas del Congo. A causa de este disparo, Terrier se ve obligado a huir y esconderse para proteger a los miembros de su equipo. Años después, en su regreso al Congo, Terrier descubrirá que esta vez él es el blanco de un escuadrón asesino, tras el que andan antiguos compañeros de armas.

‘Caza al asesino’ es una adaptación de la novela de Patrick Manchette, “Prone Gunman”, que podría ser la primera de una trilogía formada también por otras dos novelas tituladas “3 to Kill” y “Fatale”. Y en las tareas de dirección está el francés Pierre Morel, un discípulo de Luc Besson que ha colaborado en algunos de los títulos europeos más taquilleros del cine contemporáneo, como ‘Distrito 13’, ‘Desde París con amor’ y sobre todo ‘Venganza’, un thriller que supuso el paso de Liam Neeson de los papeles de carácter a los de matón maduro sin contemplaciones. No sé si Sean Penn, ya cincuentón, querrá seguir sus pasos, pero lo cierto es que su implicación en ‘Caza al asesino’ no se limita a la actuación, pues también es uno de los guionistas y productores de una cinta que por momentos parece un remedo de las de Neeson y por ende, de todos esos productos de acción que hace años protagonizaban Stallone y Schwarzenegger.

La estructura de ‘Caza al asesino’ se hace muy reconocible ya desde los primeros minutos de película, cuando vemos a ese francotirador, amigo de sus amigos y amante de su pareja, que debe ocultarse tras una misión que sale mal, antes de descubrir que todo ha sido una trampa urdida por algunos de los más próximos a él. Y ante esta situación, como no podía ser de otro modo, nuestro héroe decidirá tomarse la venganza por su mano. La idea del hombre recto traicionado por los suyos y volcado en la reparación del daño recibido siempre ha venido muy bien para dar prestancia a las ficciones, como la que estableció Alejandro Dumas en “El conde de Montecristo”, con apuntes sobre la bondad y la maldad que existen en el ser humano, de la contradicción entre egoísmo y altruismo y de cómo de cruel puede ser la venganza del que una vez fue bueno y se ha rebajado al terreno del mal. Sin embargo, en el terreno del cine de acción, estas consideraciones se dejan muchas veces fuera para quedarse con lo más superficial de “el que la hace, la paga”, que tanto satisface los instintos primarios y la película de Morel y Penn no se libra de eso.

Sean Penn es un buen actor y sabe también dar empaque a ese francotirador que no duda en emplear la violencia en busca de respuestas, acompañado de unos Idris Elba y Ray Winstone que muestran su saber hacer en personajes sin mucho más recorrido que su carisma. No se puede decir lo mismo de un Javier Bardem que da rienda suelta al histrionismo como villano de la función. Si su papel en ‘Skyfall’ se movía en una fina línea entre lo sublime y lo ridículo, bien controlado por un experimentado director de actores como es Sam Mendes, en ‘Caza al asesino’ Pierre Morel deja claro que le interesa más la pirotecnia y eso también se deja notar en la interpretación del español. Algo de exceso es también esperable en el malo de un producto de este tipo, que apuesta por el mismo trazo grueso en las habituales licencias que se producen a la hora de reflejar los tópicos de cada país. Parte de la trama se desarrolla en Barcelona y sus responsables creen oportuno ambientar una secuencia en una corrida de toros, para que se note que es España, sin saber que en Cataluña las corridas hace años que dejaron de estar permitidas. Uno de esos hechos que colarán en el público internacional poco avisado y que nos dan la risa en estos lares, como cuando se mezclaron las Fallas y la Semana Santa en ‘Misión imposible 2’.

‘Caza al asesino’ es un thriller que gustará a aquellos que disfruten de las películas de venganzas protagonizadas por tipos duros y que para el resto será otra más de tiros y porrazos, esta vez con un Sean Penn al que esperamos ver de vuelta en papeles como los que le han hecho famoso. Y que el hecho de ver a un actor comprometido con sus roles haciendo personajes de este tipo no sea más que una de las paradojas que han cimentado su carrera.