Poltergeist (Gil Kenan) – Espíritus malignos para la generación 4G

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‘Poltergeist’ (Tobe Hopper, 1982)

Por Enrique Abenia

El tiempo avanza de forma rápida e inexorable, tanto que las películas de los años 80 ya se han convertido en clásicos, aspecto que intensifica aún más la nostalgia de quienes empezaron a cultivar su cinefilia en aquella década. La influencia de ‘Poltergeist’, obra que acuñó la estructura habitual de las historias sobre fenómenos extraños en el hogar, se detecta en la dinámica asociada a los mediums reflejada en casos recientes como la saga ‘Insidious’. El filme, dirigido por el maestro Tobe Hooper (‘La Matanza de Texas’) y determinado por el espíritu familiar de las producciones de Steven Spielberg, mantiene su esencia y eficacia en la exposición de los detalles icónicos (el televisor sin señal, la cuerda entre los dos mundos, la deformación facial en el espejo, el árbol siniestro o los cadáveres que emergen de la piscina) a pesar de su envejecimiento en el contexto social y tecnológico.

La versión de 2015, con Sam Raimi detrás del proyecto (como productor), se enfrenta a la desconfianza que despiertan por defecto los remakes al suponer un síntoma de falta de originalidad y resultar innecesarios. Al margen del carácter sacrílego vinculado al concepto, la nueva ‘Poltergeist’ constituye una correcta revisión que vuelve a formular situaciones desde el respeto para no limitarse a la copia modernizada e invita al espectador inquieto a establecer un ejercicio de comparación. Las preferencias llevan a reivindicar el original, pero el largometraje derivado posee interés.

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‘Poltergeist’ (Gil Kenan, 2015)

El énfasis en la implantación tecnológica en la vida diaria (con el dron empleado para ver qué ocurre en la dimensión donde queda atrapada la niña como elemento más llamativo) responde a una etapa actual definida por la atención hacia los avances técnicos y las posibilidades del 4G. En el fondo es una manera de buscar la conexión con el público joven, aquel que en un porcentaje elevado no conocerá la obra de 1982. El uso tecnológico conlleva un cambio en los hábitos sociales, a su vez unidos a una realidad económica diferente. Si en el largometraje de Hooper se aludía al boom urbanístico (el padre trabajaba en una promotora inmobiliaria), ahora la llegada de la familia a la casa viene precedida del desahucio de los anteriores propietarios. Este hecho se suma a la crisis que afrontan los protagonistas, con el progenitor en paro y con una pareja que sopesa regresar al mercado laboral.

La película de Gil Kenan (su trabajo al frente de la animada ‘Monster house’ aventuraba su idoneidad para aproximarse al universo ‘Poltergeist’) sigue la línea narrativa de su predecesora, si bien introduce leves variaciones. Las situaciones cambian de personaje implicado o suceden en otro orden. Por ejemplo, los Bowen saben casi desde el principio que la casa se edificó donde antes estaba el cementerio. El nuevo enfoque se manifiesta en el perfil del equipo de parapsicólogos que encabeza después un mediático experto paranormal (Jared Harris, el mejor del reparto), así como en que el relato se centra en la especial sensibilidad del hijo mediano, en segundo término en el original.

Tras el clímax, algo precipitado en su ejecución, la propuesta incluye un epílogo que aplica de forma diferente el tono humorístico con el que finalizaba el original (sacaban el televisor fuera de la habitación del motel).

La inolvidable Carol Anne Freeling (Heather O’Rourke) en el ‘Poltergeist’ original.