Klip (Maja Milos, 2012)

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Robert McKee afirmaba en su libro ‘El guión’ que el espectador nunca se cansa del sexo en el cine. Al contrario que otros recursos, nunca pierde su efecto, nunca tenemos bastante. Sin querer llevar la contraria al maestro, el sexo también puede ser uno de los principales condicionantes morales a la hora de acercarse a una obra sin prejuicios, de disfrutarla y entenderla sin quedarse en lo superficial. Desde la insinuación al sexo simulado o al explícito existe todo un amplio abanico de reacciones primarias que van desde calificarlo de “gratuito” hasta “aberrante” pasando por el inevitable “pornográfico”. Incluso antes de verse, exactamente como ocurrió con ‘Nymphomaniac‘ (Lars von Trier, 2013). Si intervienen menores en la mezcla, la polémica perseguirá para siempre al film sin necesidad de que nadie lo vea o hable de otra cosa que no sea su condición de perversa. Cualquier análisis o calificación artística queda relegada a un plano secundario.

Pero por mucho que pueda escandalizar ‘Klip‘ a priori, no es más que un reflejo de la adolescencia en la actualidad. Sin efectismos y sin edulcorar muestra además la situación socioeconómica de un país que aún intenta recuperarse de las repercusiones de un conflicto bélico reciente. Jasna es una joven serbia que se distancia de su madre e ignora a un padre gravemente enfermo por no querer afrontar la pérdida. Siguiendo su día a día somos testigos rozando lo voyeur de su desarraigo familiar, de la dinámica de sus relaciones con sus amigos y su falta de interés por lo académico. La protagonista es una bomba de relojería hormonal andante (como cualquier adolescente) y el descubrimiento y desarrollo de su sexualidad es un medio para proyectar ante los demás una madurez impostada que le da la justificación perfecta para probarlo todo en un sinfín de fiestas encadenadas en las que el alcohol y las drogas son un aditivo cotidiano.

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Los omnipresentes videos grabados con el móvil no son un capricho formal. Sirven como un elemento visual clave en la ambientación y transmiten una dosis extra de autenticidad en el relato. Su importancia como herramienta personal para el refuerzo de la propia imagen es clave para entender cómo su protagonista depende de ellos para construir su identidad, afirmar su individualidad y crear una realidad única dando cuenta a modo de archivo de sus momentos más íntimos o mundanos. Su desenfreno y apatía son también otros elementos sobre los que sostiene la burbuja en la que se aísla para protegerse de una dura realidad a la que no quiere enfrentarse. A su alrededor están presentes unas costumbres y un pasado de los que se siente completamente ajena, tanto como de su vida. Las nuevas formas de comunicación y la tecnología son un refugio de libertad y un vehículo para implicarse de forma segura con sus iguales.

La representación del sexo en la cinta es instintiva, cruda, ingenua, directa e ineludible. No hay ninguna intención de escandalizar sino de mostrar cómo Jasna encuentra así la intimidad y conexión emocional necesaria con otros manteniendo una distancia aparente, evitando el escrutinio de los demás. Es el impulso que guía a la protagonista a abandonar su actitud indolente, a arriesgarse deliberadamente aceptando unas consecuencias que no siempre coinciden con sus expectativas, a aprender lo que supone ser responsable de sus decisiones. Jasna está a medio camino de una nueva etapa que en perspectiva no le ofrece salidas ni alivios a sus verdaderas preocupaciones y mientras siga manteniendo cierto control en su particular microcosmos social tendrá un grado aceptable de felicidad, placer y amor, hasta que se vea obligada a asumir definitivamente lo que supone ser adulta.