‘Negocios con resaca’: Risas sin finalizar

Muchas veces las apariencias determinan por nosotros y nos encasillan de cara a la gente antes de que podamos llegar a abrir la boca. De manera que los físicos agraciados entran mejor por el ojo que los anodinos y los que tienen aspecto de gozar de gran simpatía se ganan el afecto de forma tan inconsciente como inmediata, más allá de que lo que realmente sean luego pueda poner en duda esas convicciones que nos entran por los sentidos. El mundo del cine no se libra de estos arbitrios aparentes y la belleza en actores y actrices les convierte en galanes de la pantalla, mientras los físicos menos estandarizados se escoran a papeles de más carácter. De este modo, tenemos a intérpretes que no han sido tomados en serio hasta que no han afeado sus rasgos para algún papel y otros que siempre han sido los villanos y que han despertado sospechas incluso cuando han hecho papeles de tipos íntegros. El estadounidense Vince Vaughn, con sus casi dos metros de estatura y su mirada ojerosa parece tener el físico indicado para convertirse en el malo de las películas en las que participa, cosa que hizo en los inicios de su carrera, con roles turbios en ‘Regreso al paraíso’ o ‘Falsa identidady dando vida a Norman Bates en el fallido remake de Psicosis’ que firmó Gus Van Sant. Sin embargo, el actor ya había dejado patente su talento para el humor en ‘Swingers’ y decidió centrarse en papeles más cómicos, incluso cuando le tocó ser el malo de la función (‘Starsky & Hutch’). En los últimos años le hemos visto sonreír en ‘Cuestión de pelotas’, ‘De boda en boda’, ‘Sr. y Sra. Smith’, ‘Todo incluido’ o ‘Los becarios’, perfeccionando el arquetipo de canalla simpático que ha acabado haciendo suyo. Y en ese registro se mueve su participación en ‘Negocios con resaca’.

El propietario de una pequeña empresa que acabe de crear (Vince Vaughn) y sus dos socios (Tom Wilkinson y Dave Franco) viajan a Europa para cerrar el acuerdo más importante de sus vidas. Pero lo que comienza como un simple viaje de negocios se descarrilará de formas inimaginables.

El canadiense Ken Scott que ya colaboró con Vaughn en ‘¡Menudo fenómeno!’ dirige un guión de Steve Conrad (autor de libretos como ‘El hombre del tiempo’, ‘En busca de la felicidad’ o ‘La vida secreta de Walter Mitty’) sobre la peripecia de tres curiosos hombres de negocios en busca de un acuerdo que mejore sus mediocres existencias. Vaughn es el líder de los tres, un hombre que pasa muy poco tiempo en su casa y que en sus charlas a través de Internet con la familia finge que el programa se ha quedado congelado cuando las discusiones difíciles amenazan con aparecer. Sus dos subalternos son un tipo de edad madura obsesionado con divorciarse de su mujer para vivir las aventuras sexuales de las que se ha privado por querer mantener la fidelidad y un joven de escasas luces que aguanta las condiciones leoninas de su trabajo porque no tiene mejor sitio donde ir.

Este planteamiento, que podría dar lugar a un drama, es el origen de una comedia al estilo de las que produce Hollywood, con un trío de perdedores que tratan de arreglar sus problemas mientras se ven metidos en una sucesión de enredos disparatados. Todo ello trufado con chistes sobre el arte moderno o los activismos políticos, en un viaje a Alemania en el que los tres protagonistas acabarán en saunas y clubes de alterne gays, repitiendo por enésima vez el tópico de que los europeos somos más abiertos en temas sexuales. Un desfile de lugares comunes que no pierde de vista los habituales golpes sentimentales para darles una redención a los pobres pardillos y para hacernos creer que estamos viendo algo más profundo que una simple sucesión de gags. Y sin embargo, la mezcla funciona para hacer pasar un rato entretenido y en ocasiones divertido a lo largo de su escasa hora y media de metraje.

Vince Vaughn se siente cómodo en su arquetipo de tío pícaro de buen corazón que ha ido repitiendo en la mayoría de sus intervenciones de los últimos años y aquí lo interpreta una vez más con su habitual carisma. Le secundan con acierto los británicos Nick Frost (aquí sin Simon Pegg, con el que ha formado tándem en tantas comedias) y Tom Wilkinson, uno de esos actores bregados en papeles cómicos y dramáticos en producciones a ambos lados del océano y que dignifica siempre su personaje por nimio que parezca. Tampoco me quiero olvidar de Dave Franco, (hermano de James Franco) al que hemos visto en ‘Ahora me ves…’ y ‘Malditos vecinos’ y que parece haber heredado el talento fraternal para la payasada. Todos ellos son conscientes de la película que están haciendo y cumplen en la medida en que la trama lo exige, algo que no se puede decir de unos fugaces James Marsden y Sienna Miller, que son los malos de la cinta y que en lo poco que aparecen parecen estar preguntándose qué hacen ellos ahí.

Si nos dejamos llevar por las apariencias, el título de ‘Negocios con resaca‘ (traducción libre del original “Unfinished business“, es decir, “Negocios sin finalizar”) puede hacernos pensar que sus protagonistas viven el desfase de los de ‘Resacón en Las Vegas’, cuando lo cierto es que en el resultado final impera la sobriedad sobre el exceso. La película no aporta nada nuevo al panorama de la comedia actual, aunque tampoco lo pretende, convirtiéndose en un vehículo para aquellos que busquen algo inofensivo para pasar el rato, fácil de ver y olvidar. Quizá sea por eso que Vince Vaughn se ha apuntado a la segunda temporada de ‘True Detective’, para desengrasar la faceta turbia en caso de que la cómica acabe haciéndole caer en la complacencia y la indiferencia general. Veremos si es el inicio de una etapa diferente o una excepción a la regla de hacer reír.