‘Hablar’: Hablando (no) se entiende la gente

España es un país en crisis económica en el que los potentados han aumentado su margen de beneficios y las clases medias y bajas han visto constreñidos sus recursos. A pesar de ello, desde las altas esferas gubernamentales se insiste en una recuperación que muchos no ven ni de lejos, mientras varios spots publicitarios de entidades bancarias tratan de jugar con la simpatía para recuperar el afecto de aquellos a quienes calificaron de irresponsables por vivir por encima de sus posibilidades. Ahora les insta a que de nuevo pidan créditos y se endeuden, que ya habrá tiempo de echarles la bronca a los pobres pardillos por picar el anzuelo otra vez. Está claro que hay gente a la que la crisis no le ha afectado mucho, que no ha conocido el desempleo y el vacío de no saber cuál será su futuro en estos años. A ellos se dirige el mensaje que busca ser tranquilizador y que pone de mal café a los que se consideran engañados por las mentiras de ese mundo feliz que se vende desde arriba y que ellos no ven por ningún lado, teniendo que dar saltos de alegría si les surgen trabajos temporales de 500 euros al mes. Este es uno de los múltiples casos donde la palabra puede ser usada de manera torticera y manipuladora y sobre el poder de la palabra trata ‘Hablar’, el último trabajo de Joaquín Oristrell.

Hablar’ está compuesta por una serie de historias que giran en torno a la palabra y a la comunicación, y que se entrecruzan a lo largo de un recorrido de 400 metros: desde la madrileña plaza de Lavapiés hasta la Sala Mirador. Los personajes hablan, discuten, ríen, lloran, amenazan, susurran, gritan, roban, se citan, se enfadan o se abrazan. Todo ello mientras proponen al espectador una reflexión sobre el inmenso poder de la palabra.

El barcelonés Joaquín Oristrell empezó su carrera como guionista de televisión antes de pasarse al cine y participar en los libretos de películas como Bajarse al moro’‘Todos los hombres sois iguales’ El amor perjudica seriamente la salud’‘¿De qué se ríen las mujeres?’ supuso su debut en la dirección, que ha continuado en películas como ‘Sin vergüenza’‘Inconscientes’ Dieta mediterránea. El Oristrell dedicado por entero a la comedia ha tenido sus altibajos, con incursiones interesantes y otras bastante olvidables, pero el más interesante se encuentra en Sin vergüenza’ y ‘Los abajo firmantes’, dos cintas que son el germen de ‘Hablar’. De ‘Sin vergüenza’ extrae el gusto por la frescura y la inmediatez de la actuación, con la influencia de docentes como Cristina Rota y su escuela de interpretación, mientras que de ‘Los abajo firmantes’ extrae el compromiso social. Así, ‘Hablar’ es un fresco impresionista, formado por pequeñas pinceladas, que busca hablar de la España de hoy a través de un conglomerado de historias rodadas sin cortes.

La película ha sido urdida por el propio director, junto a Juan Diego Botto y María Botto y la madre de ambos, Cristina Rota. A partir de ahí se creó una historia ambientada en el barrio madrileño de Lavapiés, en el que algunos de los actores participantes trabajaron a través de la improvisación y otros escribieron lo que habían de decir sus personajes. De este modo, en ‘Hablar’ aparecen temas como los desahucios, el paro, la corrupción, la crisis inmobiliaria, el hambre, los malos tratos e incluso el amor, siempre con la palabra como arma. Así encontramos a personajes que usan las palabrotas como modo de expresión de un interior turbio, otros que prefieren callar, aquellos que no escuchan y los que usan y retuercen el lenguaje al estilo maquiavélico, para conseguir sus fines.

Hablar’ recuerda por su concepción a ‘Gente en sitios’ y ‘Murieron por encima de sus posibilidades’, dos películas recientes de nuestro cine que han optado por salirse un poco de los márgenes tradicionales y que a pesar de su bajo presupuesto han contado con un elenco plagado de nombres conocidos. En el caso de la cinta de Oristrell encontramos a Juan Diego Botto, María Botto, Nur Levi, Antonio de la Torre, Marta Etura, Raúl Arévalo, Melanie Olivares, Secun de la Rosa, Sergio Peris Mencheta, Miguel Ángel Muñoz, Goya Toledo, Álex García, Mercedes Sampietro o Carmen Balagué. Pero aparte de su bajo coste y su reparto, las tres cintas se caracterizan por su visión crítica de lo cotidiano (más atemporal en el caso de ‘Gente en sitios’) y por su apuesta por la combinación de sainete y esperpento para retratar a la sociedad de nuestro país. Un sainete esperpéntico que en el caso de ‘Hablar’ deja regusto amargo al ver plasmadas ciertas realidades.

A lo largo de su escasa hora y cuarto de metraje, ‘Hablar’ va desgranando sus historias en un único plano secuencia que sirve como virguería técnica y como modo de sentir de manera más inmediata la cantidad de vida humana que puede desarrollarse ante nuestros ojos en unas pocas calles. Y como en la propia realidad, no todos los relatos son igual de interesantes y si hay algunos que son bastante incisivos, hay otros que no están bien rematados y resultan un poco forzados. Con todo ello, es una película de indudable interés y de las que dan origen a debates sobre cómo funcionan tantas veces las cosas en nuestro mundo. Los habrá que quieran ver el filme después de leer esta crítica y otros que no estén de acuerdo con mis reflexiones dirán que para ellos la historia no vale un pimiento o que se puede interpretar de otras maneras. Cosas del habla, tan complejo como los seres humanos que la usamos.