El refugio de los papeles alimenticios

Por Enrique Abenia

La fama, entendida como notoriedad cinematográfica, depende de los factores que rigen una industria competitiva e incluso cruel, pero a la vez se supedita a las decisiones que toma la estrella en cada etapa de su carrera. También influye el tipo de papel que se ofrece en función de la edad y el sexo del implicado, pero esta consideración (reflejada en el planteamiento de la estupenda ‘El congreso’) supondría un debate complementario en torno a los postulados del negocio. Las inquietudes creativas llevan a unos actores a alternar papeles y temáticas en busca del desarrollo interpretativo, y otros prefieren convertirse en rostros reconocibles de géneros que dominan. Los papeles alimenticios, ya sean de mínima exigencia o impliquen una colaboración destacada en una historia alejada de sus elecciones habituales, sirven de complemento mientras llegan mayores retos. El problema surge cuando esa dinámica determina la trayectoria, ya que es fácil que el dinero se imponga al necesario criterio.

Robert de Niro en 'Killer Elite'

Robert de Niro en ‘Killer Elite’

El significado de ‘papel alimenticio’ puede resultar impreciso, pero se entiende si, por citar dos casos, se analiza la filmografía reciente de dos iconos de Hollywood como Robert De Niro y Bruce Willis. El primero, con algunas excepciones como los títulos dirigidos por David O. Russell, se ha acomodado en comedias o thrillers menores, mientras que el héroe de acción es ya el reclamo secundario y fugaz de obras por lo general directas al mercado doméstico.

Nicolas Cage representa el ejemplo paradigmático de esta figura. Sus conocidos problemas económicos explican que desde 2010 se centre en la serie B. La paradoja reside en que el descenso en la calidad artística se ha producido en paralelo a un incremento del culto hacia su persona, potenciado sin duda por su incontinencia expresiva (y sus peculiares peinados). En una línea similar se mueve John Cusack, quien no por casualidad ha coincidido en pantalla en los últimos años con los citados Cage, Willis, De Niro y con Jason Patric o Thomas Jane.

La situación empeora si se revisan los trabajos de Val Kilmer y Cuba Gooding Jr. (aún despierta extrañeza su conversión en un héroe de acción B), en un terreno cenagoso al que se han acostumbrado Tom Sizemore o Billy Zane. El contraste entre la cierta atención mediática y la ‘supervivencia’ se detecta también en los trabajos que acepta Dominic Purcell, el éxito televisivo con ‘Prison Break’ derivó en colaboraciones al servicio del inclasificable Uwe Boll.

Cuba Gooding Jr en 'Machete Kills'

Cuba Gooding Jr en ‘Machete Kills’

En otra categoría se encuentran los intérpretes desaparecidos del panorama cinematográfico. ¿Alguien ha reparado en el silencio que envuelve a Brendan Fraser? Sorprende comparar sus últimas apariciones en pantalla, cada vez más espaciadas en el tiempo, con su anterior condición de rostro del cine familiar.

Ya a otro nivel destacan las incursiones de actores conocidos en cualquier subproducto. Eric Roberts, y en menor medida Malcolm McDowell, trabajan en lo que sea. Asusta observar con detalle los títulos de sus filmografías, al igual que descubrir los nombres de Casper Van Dien o Edward Furlong (engullido por los peligros de la fama temprana) en sucedáneos impulsados con desvergüenza por The Asylum y similares. El protagonista de ‘Starship troopers’ estrena propuestas de serie Z como el ‘mockbuster’ ‘Avengers Grimm’ y el que fuera John Connor se enfrentó a un insecto gigante en ‘Arachnoquake’.

La salida pasa por pervivir en la profesión hasta la ansiada redención interpretativa gracias a papeles atractivos y directores que confíen en ellos al margen de participaciones concebidas como guiños al pasado. Sin embargo, no todos pueden esperar la llamada de Tarantino.