‘Lejos del mundanal ruido’: El amor se abre paso sin control

Uno de los lugares comunes cuando se adapta un libro al cine es decir que el volumen original estaba mejor que la película resultante, un tópico que muchas veces es cierto, ya que en las versiones para la gran pantalla siempre se dejan fuera retazos y detalles que apoyaron mucho la lectura del libro, sin olvidar que cada universo tiene su propio lenguaje y cada adaptación es la visión de un reducido grupo de personas que no tiene que concordar con la nuestra. Sin embargo, directores como Alfred Hitchcock supieron sacar partido de las adaptaciones y construyeron una filmografía notable a partir de libros sin especial enjundia que tenían una historia con la que construir un gran filme. Mención aparte merece el caso británico, que en sus producciones cinematográficas y televisivas ha plasmado la mayor parte de su mejor literatura (y en repetidas ocasiones con la obra de autores como Shakespeare y Dickens), siempre con esa puesta en escena tan aseada que les es característica. Y de las islas británicas, en sintonía con ese modelo de realización, viene ‘Lejos del mundanal ruido’, basada en una novela del escritor decimonónico Thomas Hardy.

La independiente, bella y testaruda Bathsheba Everdene (Carey Mulligan) sabe lo difícil que es para una mujer definir sus sentimientos en un lenguaje creado principalmente por el hombre para expresar los suyos. De carácter fuerte e independiente esta joven, propietaria de la mayor granja de su localidad, está en situación de elegir entre los tres pretendientes que la rondan: Gabriel Oak (Matthias Schoenaerts), un ganadero dedicado a la cría de ovejas; Frank Troy (Tom Sturridge), un apuesto y temerario sargento; y William Boldwood (Michael Sheen), un maduro y próspero soltero.

Para el espectador medio, el nombre de Thomas Hardy no le resultará tan familiar como el de otros escritores británicos que han sido adaptados una y mil veces, a pesar de que ya cuenta con algunas versiones de sus obras en la gran pantalla, algunas excelentes. Ese es el caso de ‘Tess’, de Roman Polanski, realizada como homenaje póstumo a su pareja Sharon Tate, que era gran aficionada a la novela de Hardy. Otras películas inspiradas en sus historias que hemos podido ver en los últimos años han sido ‘Jude’, ‘El perdón’ o ‘Tamara Drewe’, precisamente una actualización contemporánea de ‘Lejos del mundanal ruido’. Las ficciones de Hardy siempre se desarrollaron al sur de Inglaterra, en los parajes de Dorset, abundantes en naturaleza agreste, colinas y acantilados. Lugares donde ambientar unas historias dominadas por las grandes pasiones y donde el amor es un sentimiento que suele conducir a la desgracia a aquellos que padecen sus efectos.

A pesar de su origen británico, ‘Lejos del mundanal ruido’ está dirigida por un danés, Thomas Vinterberg (‘Submarino’, ‘La caza’), que para más inri fue hace años uno de los impulsores, junto a Lars von Trier, del movimiento Dogma 95, opuesto al modo de producción tradicional y que apostaba por un cine sin ataduras formales. Con esas directrices realizó ‘Celebración’, la más conseguida de todas las películas que amparó un movimiento que pretendía ser revolucionario y que ha sido abandonado incluso por sus creadores. Curiosamente, ‘Lejos del mundanal ruido’ ya fue adaptada en 1967 por John Schlesinger, otro director influido por un colectivo que buscaba reflejar mayor naturalidad en pantalla, en su caso el “Free Cinema” inglés. Con la ayuda de Frederic Raphael y Julie Christie, su guionista y actriz protagonista en ‘Darling’, Schlesinger construyó una película que bebía claramente de los dramas épicos de David Lean (incluida la obertura musical al inicio), lo opuesto a lo que buscaba el “Free Cinema”, aunque el resultado fue igualmente meritorio. Schlesinger hizo una cinta academicista, aunque salpicada de algunos recursos formales que denotaran los inquietos orígenes de su autor y Vinterberg ha hecho algo similar con esta nueva versión. Porque la puesta en escena de Vinterberg se caracteriza por una soberbia fotografía de aires naturalistas, lejos del cartón piedra de otras producciones de época y cercana a lo que hizo Polanski con ‘Tess’, donde se dio al paisaje la importancia de ser un personaje más.

El entorno natural marca el devenir de unos personajes que no se adaptan a lo que se espera de ellos. Bathsheba es una mujer fuerte e independiente que no quiere plegarse a las convenciones de encontrar marido y decide llevar sola la granja heredada de su tío, desoyendo las peticiones de matrimonio y los desaires que otros propietarios le hacen por verla desvalida e incapaz de llevar el patrimonio familiar. Oak es un hombre que también lucha por su independencia, pero la mala fortuna y los sentimientos que alberga hacia Bathsheba le harán preso de una dulce condena, la de servirla en todo lo que necesite aunque ella no acabe de hacerle sentir querido. Boldwood tiene una gran fortuna y un deseo genuino de cuidar de Bathsheba, como modo de cicatrizar un doloroso pasado amoroso, pero tampoco es capaz de llegar a su corazón. Quien si lo consigue es Troy, un soldado presuntuoso que huye también de penas de amor y encuentra en ella un divertimento. Uno de los mejores momentos de la cinta es el momento en el que ella canta una canción sobre los peligros de entregar el amor al primero que pase y finalmente ella caerá en brazos del menos indicado.

El principal problema de ‘Lejos del mundanal ruido’ es que han querido condensar toda la historia en apenas dos horas y eso afecta a su desarrollo, que hubiera requerido de mayor metraje para no quedarse un poco cojo. El guión de David Nicholls (‘One Day’) o quizás el montaje, es demasiado pródigo en elipsis, que no nos impiden seguir el devenir de la trama, pero nos escatiman momentos que nos harían entender un poco mejor las reacciones de los personajes. Por ello, dos de los principales se resienten y así no acabamos de comprender del todo al rico hacendado Boldwood y sobre todo al sargento Troy, que a ratos es un petimetre engreído y en otros un hombre que actúa de forma egoísta por una profunda herida en el alma.

Estos agujeros en la trama hacen que las interpretaciones de Michael Sheen y Tom Sturridge acaben perdiendo fuerza, al contrario que Carey Mulligan y Matthias Schonaerts, cuyos personajes son los que más atención reciben y eso va en beneficio de su actuación. Mulligan y Schonaerts dan vida con convicción a esa mujer orgullosa y contradictoria y a ese hombre que es su sirviente fiel, que la ama más cuando peor van las cosas y sin el que ella no puede estar, aunque no quiera admitirlo.

Así pues, Vinterberg firma una película interesante que acaba destacando más por su aspecto formal que por su fondo romántico, al igual que otras producciones de época. No obstante, mantiene incólume el espíritu de la obra original de Hardy, sobre las consecuencias de nuestros actos, especialmente en el terreno amoroso, dominado tantas veces por pulsiones y casualidades que escapan a nuestro control.