‘Una segunda madre’: Maternidad con clase

Escribía Charles Dickens que encontraba más meritorio que unos padres pobres fueran capaces de atender debidamente las necesidades de sus hijos. Le parecía encomiable el hecho de que alguien desahogado económicamente fuera generoso e hiciese sacrificios por los suyos, pero estimaba mucho más cuando estos sacrificios venían de gente que apenas tenía nada y que era capaz de quedarse sin comer para ver a su familia bien alimentada. Eso es algo que sucedía en el siglo XIX, que sucedía antes y que se sigue produciendo hoy día, porque las clases sociales siempre han existido y lo seguirán haciendo, no todos nacemos iguales. Tradicionalmente, en las clases pudientes era común tener a mujeres que se encargaran de la crianza de los hijos, incluso desde los primeros tiempos de lactancia, caso de las nodrizas. De este modo, personas importantes en los destinos de muchos países, dinastías de reyes y nobles, pasaron sus primeros años teniendo a otras mujeres haciendo el papel de madre, generalmente mujeres humildes que se las vieron y se las desearon para criar a sus propios hijos al tener que hacerse cargo de los ajenos. Y sobre esa relación entre madres “de iure” (las biológicas) y las “de facto” (las sirvientas) nos habla la película brasileña ‘Una segunda madre’.

Val (Regina Casé) es una trabajadora interna que se toma su trabajo muy en serio. Sirve a un adinerado matrimonio de Sao Paulo día y noche y cuida a su hijo adolescente, al que ha criado desde su infancia. El orden de este hogar parece inquebrantable, hasta que un día llega desde su ciudad de origen la inteligente y ambiciosa hija de Val, Jessica (Camila Márdila), a la que había dejado al cuidado de unos familiares en el norte de Brasil 13 años atrás. Esta nueva situación pondrá en tela de juicio las lealtades de Val y la obligará a valorar lo que está dispuesta a perder.

Para muchos, Brasil es ese país de Sudamérica donde se juega al fútbol, se baila samba (especialmente en los carnavales), hay playas de ensueño y las mujeres son hermosas. Pero aunque algunas de esas características se produzcan, también es un país con una desigualdad social tremenda, con ciudades cargadas de barriadas pobres (las célebres favelas) donde se hacinan miles de personas con pocos recursos. Esa visión menos paradisíaca de Brasil ya nos la han mostrado en los últimos años películas como ‘Ciudad de Dios’, ‘Tropa de élite’ o ‘Carandiru’. Algo que en cierto modo también hace ‘Una segunda madre’, aunque su tono es más amable. Val es una buena mujer, que trata de hacer su labor lo mejor posible y que también coge cariño por el retoño al que cuida, aunque eso le reporte estar lejos de su casa y de los suyos, algo que se pondrá en cuestión cuando llegue su verdadera hija, Jessica.

Jessica pertenece a otra generación y no acepta el estado de las cosas. Si la madre es una mujer resignada y de cierta manera está satisfecha con su destino de servir a otros, la hija se opone y exige que se les trate como iguales, a pesar de las diferencias de clase. Unas diferencias que no tardarán en hacerse sentir por parte de los señores de la casa, que a pesar de su apariencia amable y desinteresada no tardarán en dejar patente quiénes son los que están al mando y en poner en su sitio a los que consideran sus sirvientes.

La directora Anna Muylaert mantiene un acertado tono entre lo cómico y lo dramático para que no se le escape de las manos una trama que podría haber dado lugar a un melodrama social y que se queda en una interesante radiografía de la sociedad de su país. Una radiografía que también pueden ser aplicable a las relaciones humanas a nivel general (incluso las amistosas o las amorosas), tantas veces fundamentadas en el gregarismo, donde unos adoptan el papel de mandamases y otros el de súbditos, sin plantearse un cambio o una ruptura de ese orden. A ello ayuda especialmente la labor de su actriz protagonista, Regina Casé, que sabe encarnar a esa mujer con el corazón dividido, que desarrolla con humildad su trabajo y se ve envuelta en toda una lucha de clases en la que le toca tomar partido.

‘Una segunda madre’ empezó el año con fuerza, siendo reconocida con el Premio Especial del Jurado en el Festival de Sundance y el Premio del Público en la sección Panorama del de Berlín y es una película que merece una oportunidad, a pesar de que a muchos les pueda dar pereza ver cine que no proceda de los grandes centros de producción. Esperemos que pueda hacerse un hueco por nuestros lares este verano, en medio de las grandes apuestas de temporada, que siempre tiene más mérito hacerle un poco de caso a estas cintas de repercusión más humilde pero de un interés fílmico muchas veces mayor que el de los grandes trasatlánticos de Hollywood.