‘Lo que hacemos en las sombras’ (‘What We Do in the Shadows’ Jemaine Clement y Taika Waititi, 2014)

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El mito del vampiro, presente en el folclore de pueblos muy diversos, ha evolucionado enormemente desde la antigüedad hasta nuestros días. Un proceso del que la literatura y el cine, en tan íntima relación durante el siglo XX, no han sido ajenos. Tanto el concepto del monstruo como su trasfondo se han reinterpretado en innumerables ocasiones, adaptándose a las tendencias narrativas de cada época y trascendiendo géneros. Una mirada retrospectiva y autoconsciente a esta evolución y sus diferentes aproximaciones es lo que propone precisamente ‘What We Do in the Shadows‘, en un ejercicio de estilo que desde la parodia no deja de homenajear los elementos típicos de estas historias. El omnipresente lenguaje de la telerrealidad se usa aquí integrado en el formato de falso documental mientras sigue a unos peculiares compañeros de piso en Wellington en los meses que preceden a la celebración de un importante evento para la comunidad de los no muertos.

Viago, Vladislav, Deacon y Petyr sirven a modo de una muestra sociológica de los distintos tipos de vampiro representados en la ficción. Prototipos de personajes que podrían haber salido directamente de alguno de los presentes en ‘Interview with the Vampire‘ (Neil Jordan, 1994), ‘Dracula‘ (Francis Ford Coppola, 1992), ‘The Lost Boys‘ (Joel Schumacher, 1987) y ‘Nosferatu‘ (F. W. Murnau, 1922). Según la época en que fueron convertidos asumen distintos roles y personalidades que entran en conflicto continuo. Sus diferentes perspectivas ante la vida definen su capacidad para integrarse en el mundo moderno y se muestra cómo esto les afecta en su necesidad de alimentarse, salir de fiesta o asumir sus responsabilidades con las tareas domésticas. La presencia de otros seres sobrenaturales, como sus archienemigos los hombres lobo, añade además una capa satírica adicional que aporta una necesaria visión cómica introspectiva hacia sus protagonistas.

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La vida cotidiana de los vampiros se alterna con sus testimonios, que ayudan a su caracterización y permiten jugar a distintos niveles con la dinámica que mantienen entre ellos y hacia los demás. La ruptura de la cuarta pared es otro recurso que se aprovecha al mismo tiempo para contrastar sus acciones con sus verdaderas motivaciones y opiniones. El resultado es una combinación desbordante de humor observacional y referencial y comedia de situación con altas dosis de ironía y humor negro. Un constante fluir de diálogos mordaces y escenas que coquetean con la vergüenza ajena, la complicidad con el espectador y los guiños hacia la cultura popular, explotando tanto los anacronismos de sus costumbres, apariencias y principios morales como sus formas pretenciosas y los elementos universales de su mitología presentes en el imaginario colectivo, siempre en relación a las convenciones sociales vigentes en la actualidad.

‘What We Do in the Shadows’ deconstruye así el cine de vampiros desde su planteamiento, riéndose del propio pacto ficcional que se establece en sus relatos y en los cimientos del género documental que está utilizando premeditadamente para señalarlo. Una audacia metanarrativa que no añade complejidad aparente al film y resuelve victoriosamente en una elaborada propuesta que expresa de manera falsamente realista un universo de ficción por todos conocido en el mismo plano de existencia que las obras que se encuentran contenidas en él. Obras que funcionan como un modelo en el que se reflejan los logros y fracasos de los personajes y miden su capacidad para cumplir las imposibles expectativas establecidas en ellas respecto de si mismos. Una relación de reciprocidad imposible fuera de la película y que sirve de contexto en el que se explota su verdadera premisa cómica: las consecuencias de la transgresión de las normas sociales desde nuestro círculo más íntimo hasta las instituciones encargadas de salvaguardarlas.