Placeres culpables: Disfrutemos sin rubor

Por Enrique Abenia

La cinefilia implica la familiaridad de conceptos como el de película de culto y placer culpable, a priori etéreos pero plenos de sentido para el aficionado. En ocasiones una barrera difusa impide distinguir ambas figuras, en el fondo complementarias, pero la diferencia básica reside en que las propuestas de culto poseen valor para una colectividad (ya sea por tono, temática o factores externos), de forma que adquieren esa etiqueta, mientras que los placeres culpables dependen en exclusiva de las preferencias personales. Estas prevalecen sobre la idea generalizada de que son filmes mediocres o fallidos, de ahí que ‘confesar’ que te gustan pueda conllevar cierto rubor al ir contracorriente. Un apasionado del cine es capaz de gozar al sumergirse en la profundidad y los matices de una obra de Bergman y al mismo tiempo disfrutar del lado lúdico de una serie B. La magia del séptimo arte reposa en esa aparente paradoja.

Km 666. Desvío al infierno

Km 666. Desvío al infierno

Los placeres culpables no son sinónimo de ceguera intelectual, es decir, el espectador detecta y admite los defectos del largometraje, si bien se imponen los detalles que a su juicio confieren un atractivo especial. Por ello el objetivo del artículo es que el lector piense en aquellos títulos que entran en la descripción y que por lo tanto cobran significado personal a la vez que este crítico desnuda un apartado de su cinefilia. El autor del texto no tiene reparos en señalar que ama el terror, motivo por el que le despiertan simpatía las películas con espíritu de serie B y ‘slashers’ del estilo de ‘Kilómetro 666: Desvío al infierno’ (siempre que la explotación de fórmulas no se convierta en desfachatez y origine subproductos). No es casual que, en el terreno del ‘thriller’, aceptara la complicidad a la que apelaba la saga ‘Saw’ a través de unos excesos truculentos que, bajo sus imposibles giros argumentales, escondían coherencia interna.

El sonido del trueno

El sonido del trueno

Quien esto escribe fue de los pocos que encontró la gracia a una reivindicable ‘monster movie’ cómica como ‘Mandíbulas’ o que se entretuvo con la premisa de ciencia ficción de ‘El sonido del trueno’ más allá de la pobreza de sus efectos visuales. También alabó la desvergüenza de Renny Harlin en ‘Hércules. El origen de la leyenda’ y, en lo que a adaptaciones de cómic se refiere, no entiende la animadversión hacia ‘La liga de los hombres extraordinarios’.

En el ámbito de la comedia, no hace mucho lloró de risa con el delirio escatológico de ‘Movie 43’ y años atrás, en su etapa adolescente, entró en el juego del doblaje de Florentino Fernández en ‘Austin Powers 2. La espía que me achuchó’ así como conectó con sucedáneos de ‘American Pie’ como ‘Juerga de solteros’. En cuanto a dramas románticos, en su momento su sensibilidad estuvo a flor de piel con ‘El diario de Noa’.

La clave reside en entender cada filme dentro de su contexto genérico y atender a quién va dirigido y si cumple lo que se propone. La dinámica de vivir el cine exige olvidar los prejuicios.