Bound (Andy & Lana Wachowski, 1996)

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Poco queda ya de la sutileza con la que el cine negro del Hollywood clásico se veía obligado a tratar ciertos temas. A pesar de tener argumentos con personajes de dudosa moralidad, movidos por la codicia o la pasión, sus historias se movían en un marco muy restringido. Tanto lo que podían mostrar y la manera de hacerlo como sus arquetípicos personajes estaban constreñidos por la autocensura establecida y los códigos de un género cuya influencia enriqueció el cine en su conjunto. A partir de los años sesenta, con la irrupción del neo-noir la situación cambió y evolucionó hacia una representación de la violencia mucho más intensa y explícita, así como una expresión del deseo sexual y otros aspectos sociales acorde a los nuevos tiempos. Aunque fieles a los elementos básicos del género, lo hacían en muchos casos de modo autorreferencial o directamente subvirtiéndolos. Algo que los Wachowski llevaron a cabo en ‘Bound‘, su ópera prima.

Caesar es el responsable de blanquear dinero para la mafia y se ve envuelto en el trágico desenlace de uno de los asociados de su organización que ha escamoteado dinero de sus actividades. Su descontenta novia Violet, en colaboración con la nueva manitas del edificio, diseña un plan para hacerse con el maletín cuyo contenido en efectivo les puede valer para escapar y empezar juntas una nueva vida. Aunque la trama sigue a rajatabla la pauta típica establecida de estos relatos salta a la vista un aporte innovador: el núcleo del film es una relación romántica entre dos mujeres que se toma su tiempo en desarrollar. Jennifer Tilly y Gina Gershon transmiten una gran química entre dos personajes cuyo trasfondo y personalidad son en apariencia completamente irreconciliables. Violet es la expresión máxima de la femineidad clásica mientras Corky desafía deliberadamente ese mismo concepto.

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Las elecciones que tomamos llevan a compromisos y a perder libertad. Violet sabe que para recuperarla es necesario romper con todo lo anterior, sin concesiones. La orientación sexual que Violet oculta a Caesar forma parte de la idea base de la película: cómo la confianza puede moldear la percepción de la realidad, porque la identidad de los que nos rodean se oculta tras la máscara que ellos desean mostrar. Todo se plantea como un juego de mentiras, lealtades y apariencias que funciona como catalizador de suspense y tensión hasta el mismo final. Este juego, innumerables veces presente de un estilo u otro en las producciones a las que rinde tributo ‘Bound’, se usa aquí de forma sistemática como recurso narrativo en un guión que además aprovecha estupendamente el subtexto y la ironía de las situaciones para crear momentos de gran comicidad, cargados de humor negro.

Aunque Violet cumple todos los requisitos para ser una femme fatale de manual, desde el comienzo la narración deja claro que dista mucho de serlo aunque explote su rotunda belleza y atractivo físico para sobrevivir inmersa en el mundo saturado de violencia en el que está prisionera. Incluso utiliza un tono de voz más agudo y seductor con los hombres y sólo con Corky se manifiesta tal como es. Queda claro así que es víctima de las circunstancias, pero no se resigna a interpretar ese papel el resto de su vida. Toma la iniciativa como parte activa en la confabulación para acabar con todo aquel que quiera abusar de su situación y se interponga en su objetivo de ser ella misma. Una “salida del armario” en la que arriesga su integridad física, la autenticidad de su relación con Corky y su capacidad para anticipar el comportamiento de todos los que hasta el momento confiaban en ella.