‘Espías’: Moneypenny toma el lugar de James Bond

Mucho ha llovido desde aquel 5 de octubre de 1962, día en el que se produjo el estreno mundial de ‘Agente 007 contra el Dr.No’, primera adaptación al cine de las historias del escritor Ian Fleming, dedicadas a James Bond, un agente de la inteligencia británica con licencia para matar, amante de los lujos y las mujeres hermosas. Desde entonces, la saga de Bond ha continuado con diversos actores dando vida al agente 007 y tal ha sido su éxito en todo el mundo que también ha sido pródiga en imitaciones y parodias. Todos conocemos las peripecias de Jason Bourne, que pertenecen al catálogo de las primeras y las del Superagente 86 o Austin Powers a las segundas, pero el filón no se detiene y si hace unos meses vimos ‘Kingsman. Servicio secreto’, a mitad de camino entre el homenaje y la burla, ahora nos llega en un registro similar ‘Espías’.

Susan Cooper (Melissa McCarthy) es una modesta y sedentaria analista de la CIA y la heroína olvidada de las misiones más peligrosas de la agencia. Pero cuando su compañero (Jude Law) desaparece de la faz de la Tierra y otro agente (Jason Statham) se ve envuelto en problemas, Susan se presenta voluntaria como agente secreto para emprender una misión encubierta en la que se tendrá que infiltrar en el mundo de una temeraria traficante de armas para evitar un desastre mundial.

Analizadas desde una óptica realista, las historias de James Bond no dejan de ser una suerte de fantasía masculina en la que un hombre bien parecido y bien vestido vive aventuras de las que consigue salir indemne, salvando al mundo y llevándose a la chica de turno. Una fantasía algo paródica en sí misma que la propia saga Bond ha explotado con ironía en algunas ocasiones, especialmente en las películas protagonizadas por Roger Moore. Si a la mujer le estaba reservado el lugar de ayudante (en el mejor de los casos) o el de descanso del guerrero (la mayor parte de las veces), en el caso de ‘Espías’ el punto de partida es convertir a la señorita Moneypenny en la protagonista de la trama. Que la chica menos agraciada deje de suspirar en silencio por el agente secreto y pase a la acción, provocando no pocas situaciones curiosas.

‘Espías’ está escrita y dirigida por Paul Feig, un experto del medio televisivo, en el que ha colaborado en series como ‘The Office’, ‘Arrested Development’ o ‘Nurse Jackie’ antes de dar el salto al cine con el gran éxito de ‘La boda de mi mejor amiga’. Desde entonces ha continuado su labor como creador de historias cómicas protagonizadas por mujeres en ‘Cuerpos especiales’ y en la nueva versión de ‘Cazafantasmas’, actualmente en fase de rodaje. En todas ellas ha estado presente Melissa McCarthy, una actriz que por su físico y sus dotes para sacar la risa ha sido encasillada como la típica gordita graciosa que se dedica a hacer los chistes más gamberros que no son apropiados para la protagonista. En ‘Espías’ tiene el reto de salirse de ese tópico y vive de primera mano las intrigas y las persecuciones de un agente secreto encargado de salvar al mundo de los oscuros manejos de los malos, aunque por el camino vaya creando la normal confusión de alguien que no está especialmente dotado para tales menesteres.

Feig pone el acento en las actrices de su elenco, no solo en Melissa McCarthy como la voluntariosa analista de la CIA, sino también Rose Byrne como la sanguinaria traficante de armas del este de Europa, Allison Janney como la jefa de la inteligencia estadounidense y Miranda Hart como Nancy, la amiga y compañera de Susan, que tratará de echarle una mano en su dura labor. Ninguna de ellas depende de la fuerza de sus músculos, pero tienen la capacidad suficiente para ir saliéndose con la suya y demostrar a los hombres que pueden hacer su trabajo sin llamar tanto la atención. Algo que es incapaz de hacer el personaje de Rick Ford (un Jason Statham que se ríe de su arquetipo cinematográfico), que se las da de tipo duro y presume de ser el mejor agente y no deja de meter en problemas a todo el mundo con sus torpezas.

De este modo, ‘Espías’ nos brinda un rato de buen entretenimiento, lastrado por una duración excesiva para lo que quiere contar. Soy de los que creen que alargar las comedias acaba jugando en su contra, porque les hace perder frescura y algo de eso le sucede a la cinta de Paul Feig, que con veinte minutos menos hubiera quedado mucho mejor. No obstante, está muy bien dirigida en su mezcla de humoradas y escenas de acción y en la labor de su reparto, del que tampoco hay que olvidar a un Jude Law muy propio como trasunto de James Bond (incluso luciendo bisoñé, como hiciera Sean Connery en algunas de las producciones de su época). Una interesante comedia que ironiza con algunos tópicos del cine de agentes secretos y que merece un vistazo.