Acción sin aditivos (Redada asesina, 2011. Gareth Evans)

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Por Enrique Abenia

La focalización del crimen y la delincuencia favorece la existencia de espacios sin ley, aspecto que en el terreno de la ficción permite exponer la dinámica de los asaltos policiales. ‘Redada asesina’, título con el que se comercializó en España la película indonesia ‘The raid’, aplica ese planteamiento para ofrecer un espectacular despliegue de acción, violencia y artes marciales. La explotación de fórmulas implica la mala consideración de la temática, si bien filmes como el de Gareth Huw Evans contribuyen a revitalizar el interés por el género al entregarse a la esencia de los golpes secos y las peleas imposibles. El esquematismo de la historia, en otro contexto un inconveniente, revela que todo se supedita a las emociones básicas vinculadas a la supervivencia o la muerte de los agentes atrapados en el edificio que controla un ‘rey’ de la droga. No es casual que ‘Redada asesina’ y su secuela sean conocidas entre los aficionados, que las rescataron del olvido al que parecían condenadas en el mercado doméstico.

El inicio muestra la situación personal de Rama, el joven policía protagonista, una manera de reflejar lo que puede perder ante el riesgo que conlleva su misión, explicada por su jefe en el camión que traslada al equipo de élite a su objetivo. La fuerza visual y el nervio narrativo definen un desarrollo lineal que remite a la estructura de un videojuego (en el fondo se trata de superar obstáculos concebidos como ‘etapas’). Un conflicto familiar y las alusiones a la corrupción aportan mayor relieve a la trama.

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Evans demuestra su dominio del género. El director, a su vez guionista y editor, sabe cuándo acelerar o retrasar la acción para realzar el atractivo de las sangrientas coreografías. Incluso se anima a introducir detalles de autor en la composición de una última escena que certifica que los personajes involucrados pertenecen ya a mundos opuestos.

La habilidad de movimientos marciales del reparto, encabezado por Iko Uwais (visto en ‘El poder del Tai Chi’ y que debutó en el cine de la mano de Evans en ‘Merantau’), contrasta con sus limitaciones interpretativas, agudizadas en el caso de los secundarios.