‘Lío en Broadway’: Cine de otra época

A finales de los años 60 y principios de los 70 aparecieron en el cine estadounidense una serie de directores y guionistas que reinventaron las películas que se producían en Hollywood. La época clásica, con sus realizadores, escritores y actores, estaba ya haciéndose mayor o pasando a mejor vida y esa fue la ocasión ideal para la irrupción de un puñado de cineastas que tomaron el relevo, muy influidos por las nuevas olas llegadas del resto del mundo. Algunos de ellos quisieron tomar cosas del pasado y unirlas con las nuevas ideas mientras que otros rompieron directamente con las formas establecidas. Por su parte, los hubo que optaron por reivindicar y continuar con lo que habían hecho sus mayores, como es el caso de Peter Bogdanovich. Neoyorquino descendiente de judíos europeos que emigraron para evitar la barbarie nazi, Bogdanovich empezó escribiendo sobre cine y reivindicando la figura de John Ford, Howard Hawks u Orson Welles, que para algunos en aquel momento ya eran cosa del pasado. Fue Roger Corman quien le dio la oportunidad de debutar detrás de la cámara, apadrinándole en ‘El héroe anda suelto’ y en ‘Viaje al planeta de las mujeres prehistóricas’ y el éxito le llegó con su tercer filme, ‘La última película’, una historia de tintes nostálgicos rodada en blanco y negro que ya dejaba claro por donde iban sus gustos en aquellos años de cambio. La cinta le deparó todo tipo de parabienes y dio comienzo a su época dorada, en la que también alumbró las igualmente aclamadas ‘¿Qué me pasa, doctor?’ y ‘Luna de papel’. La alegría no duró mucho más y con ‘Una señorita rebelde’, que había dirigido para mayor gloria de su pareja de entonces, Cybill Shepherd (que le fascinó tanto en ‘La última película’, que abandonó a su mujer por la actriz luego vista en ‘Taxi Driver’ y ‘Luz de luna’), llegaron las malas críticas y el comienzo de una carrera irregular. Ocasionales éxitos como ‘Máscara’ o ‘¡Qué ruina de función!’ no han evitado que Bogdanovich haya decepcionado a muchos que esperaban más de él por lo que apuntaba en sus inicios. Y ahora, con algunos telefilmes a sus espaldas, el director vuelve al cine con ‘Lío en Broadway’.

Arnold (Owen Wilson) tiene una vida perfecta: está felizmente casado, tiene dos hijos y un magnífico trabajo como director teatral en Broadway. Pero todo cambia cuando contrata los servicios de Izzy (Imogen Poots), una joven y prometedora actriz que alterna su discreta carrera artística con servicios nocturnos de compañía. El flechazo es tan profundo que Arnold decide ayudarla económicamente para que se centre en el mundo de la interpretación. El plan se torna en pesadilla cuando Izzy consigue un papel en la obra que dirige Arnold, en la que también participa su mujer (Kathryn Hahn), a la que por su parte pretende el engreído actor protagonista (Rhys Ifans).

Como amante del cine clásico, Bogdanovich asegura que las mejores películas ya han sido hechas y por ello procura fijarse en esos modelos para hacer sus producciones, alejadas de modas y nuevas interpretaciones. En ese sentido se inscribe ‘Lío en Broadway’, una comedia de enredo a la vieja usanza, inspirada en las de Ernst Lubitsch, de hecho la cita de “ardillas para las nueces” que da sentido a la trama está tomada de ‘El pecado de Cluny Brown’. Para sacar adelante la película, el realizador ha contado con la colaboración de Wes Anderson (‘El gran hotel Budapest’) y Noah Baumbach (‘Frances Ha’) en la producción ejecutiva, dos directores cuyos universos van por otros derroteros a los de Bogdanovich, pero que han querido ayudar a un creador que ya pasó sus mejores años y que ya septuagenario lo tiene complicado para que le financien nuevos filmes. Porque lo cierto es que el cine que practica Bogdanovich resultará pasado de moda a unos cuantos.

Lío en Broadway’ sigue a rajatabla las reglas del vodevil clásico con aires teatrales y a lo largo de la hora y media de metraje asistimos a las evoluciones de una serie de personajes interrelacionados entre sí que van entrando y saliendo de escena, casi siempre en el momento más inapropiado. Los hombres están interesados sobre todo en la belleza femenina, por la que cometen diversas imprudencias y ellas tratan de encontrar su lugar en un mundo dominado por los apetitos masculinos. Todo ello ambientado en el campo de la actuación, un universo donde el trabajo se fundamenta en la impostación y el fingimiento y donde sus protagonistas encuentran la excusa perfecta para dar rienda suelta a sus pasiones.

Lo mejor y lo peor de la película es su tono de divertimento ligero, que ayuda a pasar un rato entretenido pero que sabe a poco y apenas deja chispazos memorables. Todo transcurre con corrección pero sin entusiasmar, con la sensación de que estamos viendo un producto que bien podría ser un sainete televisivo pero que engatusa en su falta de pretensiones. Lo mejor lo encontramos en el apartado actoral (con breves apariciones de Cybill Shepherd, Tatum O´Neal, Michael Shannon y Quentin Tarantino), donde destaca una estupenda Imogen Poots, actriz británica de mirada magnética, vista en ’28 semanas después’, ‘Noche de miedo’ o ‘Need for Speed’ y que dota de la acertada mezcla de ingenuidad y picardía al personaje de la adorable Izzy. Ella da los mejores momentos junto a un Owen Wilson que encarna a un atribulado director teatral en un registro que recuerda a su papel en ‘Midnight in Paris’, dentro de una película que en su escenificación de la lucha de sexos recuerda también al Woody Allen más leve (otro que sigue haciendo lo que más le interesa al margen de modas).

Lío en Broadway’ viene a ser una suerte de curiosa anomalía en el panorama de la comedia actual, dominada por otros registros que hacen parecer a la película de Bogdanovich una cinta “viejuna”, propia de un cineasta que siempre ha preferido mirar hacia atrás y que aun así tiene el encanto de lo vintage. Como se dice en el propio filme, cada uno debería ser feliz con lo que tenga más a mano y Bogdanovich parece serlo con sus historias de otra época.