‘Sharknado’: Cuando la serie Z se hace viral

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Por Enrique Abenia

La cinefilia invita a aproximarse a todo tipo de películas de acuerdo al estado de ánimo de cada momento. En ocasiones apetece recuperar un clásico o redescubrir una obra maestra, pero también hay días en los que el aficionado requiere saciar su lado oscuro y ver filmes fallidos o auténticos bodrios, ya sea por curiosidad, entretenimiento o porque atrae la temática. El espectador, por tanto, agradece la llegada de títulos cuyos artífices, conscientes de su nula calidad, potencian la vertiente paródica. ‘Sharknado’ encaja en esa categoría, con la peculiaridad de que su delirante planteamiento ha originado un fenómeno viral. La productora The Asylum, especializada en la explotación de fórmulas y en bochornosas copias de obras de éxito comercial, ha encontrado su franquicia estrella, de ahí que, con periodicidad anual, estrene en el canal SyFy una nueva entrega en torno a los fenómenos meteorológicos que arrastran tiburones.

Fiel a la dinámica habitual en las secuelas basada en el ‘cuanto más, mejor’, la saga ha enfatizado su carácter referencial mientras crecía la estupefacción del público ante la espiral de despropósitos y detalles risibles. ‘Sharknado 3’ aplica el sentido hiperbólico de acuerdo a la desvergüenza de la premisa y el resultado es un largometraje tan excesivo que ya no impresiona e incluso aburre. Mala señal para un subproducto enfocado al disfrute cómplice.

Tras un ‘opening’ al estilo Bond, la historia (es un decir) muestra cómo Fin Shepard, ya un héroe nacional, recibe un homenaje en la Casa Blanca donde le dan un trofeo con forma de motosierra, su icónica arma contra los escualos. La situación constituye un pretexto para que el prólogo se asemeje a la serie B de acción ‘Olympus has fallen’, si bien cambia los terroristas por tiburones. El esperpento se acentúa cuando el presidente y el protagonista ensartan a un ejemplar con una bandera al grito de “Dios bendiga América”.

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Los guiños casposos se mantienen a lo largo del desarrollo, de manera que el tramo en el parque temático de Universal remite a ‘Jurassic World’ y las escenas en el transbordador (sí, los tiburones consiguen llegar al espacio) parecen mirar con sorna a los astronautas de ‘Gravity’. El clímax en la Tierra depara un gag inenarrable, pero es preferible no hacer un ‘spoiler’ con el ‘mejor’ momento del largometraje.

A diferencia de sus predecesoras, ‘Sharknado 3’ no ofrece frases ‘memorables’, aunque sí se pueden recordar dos perlas anteriores: “Ese tiburón no dejaba de mirarme” y “Odio a los tiburones porque mataron a mi abuelo”.

Como en todas las producciones impulsadas por The Asylum, en el reparto de esta tercera parte figuran actores de decadente trayectoria. Repiten Ian Ziering, entregado a la farsa, y Tara Reid, cada vez peor operada. Les acompañan Bo Derek, Frankie Muniz (qué mal ha acabado el televisivo Malcolm) y el mismísimo David Hasselhoff, divertido en un papel heroico.