‘Sueñan los androides’ (2014) de Ion de Sosa

Por Valentín Vía

Es verano y hace calor. Mucho calor. No hay nada mejor que irse a la playa para disfrutar de la playa y el sol. Bueno, si además sois de aquellos que echáis de menos las vistas que ofrecen las montañas, buscad el apartamento en el edificio más alto. Así, a bote pronto, se me ocurren miles de lugares pero si también os gusta la gente, es decir, convivir junto a una gran concentración de personas, el lugar perfecto y que cumple todas estas premisas es: Benidorm. Pero si no tenéis la suerte de poder visitar esta ciudad durante el verano, les dejamos con un filme que os trasladará a su lado más oscuro e inexpugnable a ojos de cualquier turista o jubilado. Sueñan los androides (2014) es un filme low cost de ciencia ficción made in Spain y su nombre ya se encuentra en boca de muchos curiosos y cada vez de más adeptos al género que está regurgitando desde hace unos años en la garganta del panorama nacional del cine de autor.

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Casos tan sonados como los cortometrajes de El ataque de nubolosa 5 (2008), Protopartículas (2009), Misterio (2013) del realizador Chema García Ibarra, se han escindido como paradigma por excelencia del cortometraje low cost contemporáneo de ciencia ficción en España. Pero Sueñan los androides (2014), es la película. Ion de Sosa conforma una gran obra, adaptando de forma libre la obra Sueñan los androides con ovejas eléctricas (1968) de Phillip K. Dick y que sirvió para realizar el filme Blade Runner (1982) a Ridley Scott. El realizador vasco ha logrado construir un relato cinematográfico completamente rupturista y de calidad ejemplar. Consigue adentrarnos hacia las rutas salvajes de un Benidorm futurista del año 2052 en el que la peseta ha vuelto, el sector de la construcción sigue parado y los jubilados habitan los apartamentos y los salones de baile de los hoteles más vetustos.

En medio de este paisaje más que decadente y de tantos tintes surrealistas en cualquiera de las secuencias que visionamos, un hombre va disparando a los más jóvenes, a todos aquellos que se cruzan por su camino y que le impiden conseguir la única oveja que queda en la ciudad y de la cuál se puede sacar una fortuna. Se trata, pues, de una radiografía más que peculiar y kitsch tal vez demasiada disparatada o muy alocada a simple vista. Pero no es así. Una vez se entra en el juego que propone De Sosa, el espectador acaba familiarizado con aquel flujo de imágenes porque el director mediante el uso del formato analógico y un montaje analítico hemos visto en alguna parte, que la textura y el tratamiento de aquellas imágenes provienen de nuestros recuerdos, tal y como si nos encontráramos ante una película familiar rodada durante un verano de los años 80.

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Todo el mundo tiene los días contados o eso parece, pero los jubilados siguen con su vida. Los rascacielos y las acciones más surrealistas son los elementos que nos hacen creer que esta película grabada en medio formato y sin pasar por el filtro digital es más que un fidedigno retrato retrofuturista. Véanla porque además de todo lo expuesto, si nos sumergimos de lleno en su universo, contiene tantos elementos e influencias que son casi imperceptibles. Pero el carácter y esa descripción tan hiperrealista y cruda de Ulrich Seidl en Dog days (2001) o la vocación más enfermiza y experimental de Zulueta con su gran obra, Arrebato (1980), están más que presentes a lo largo de todo el film. Escoger el vértice perfecto desde el que transmitir tanta crudeza pero a la vez diluirla proporcionalmente con gotas de humor negro, le ha servido a Ion de Sosa para colarse en secciones oficiales como la del Festival de Las Palmas, el Festival de Sevilla o en la sección Forum de la Berlinale.

Ion de Sosa es, pues, un francotirador del detalle porque él mismo se encarga de grabar todas las secuencias y juega con el tiro de la cámara, el fuera de campo y los rasgos del maníaco que recorre Benidorm matando a diestro y siniestro. El realizador se permite el lujo de crear múltiples alegorías sobre la crisis, la permanencia de la decadencia y el pesimismo generalizado y aceptado. El estancamiento de una sociedad que en vez de parecer un futuro lejano y optimista, incluso cambiante, se asemeja más al pasado, al posfranquismo, o a una película futurista de bajo presupuesto filmada en los años ochenta donde todo el mundo parece vivir igual en el pasado, presente y futuro, exceptuando algunos pequeños detalles.

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