‘Stoker’: La flor que no escoge su color

El maremagno constante de la actualidad hace que muchas veces se nos escapen detalles de lo más interesante y en el cine es común que cada semana pasen de puntillas varias películas que en ocasiones llegan a tener un mayor interés que los estrenos más llamativos. Y con el paso del tiempo, esos filmes que pasaron por la cartelera sin atraer al público pueden continuar en el más profundo desconocimiento o llegar a ser reivindicados y descubiertos por los espíritus curiosos. Por eso, hoy quiero aparcar la referencia a alguna de las novedades y detenerme en una cinta que nos llegó hace un par de años y que, a pesar de no gozar del favor de la taquilla, ha sido objeto de cierto fenómeno de culto. Me refiero a ‘Stoker’.

Cuando India Stoker (Mia Wasikowska), una adolescente, pierde a su padre (Dermot Mulroney) en un trágico accidente de coche el día en que cumple 18 años, su vida se hace añicos. Su impasible comportamiento oculta profundos sentimientos que sólo su padre comprendía. Su tío Charlie (Matthew Goode), cuya existencia desconocía, aparece por sorpresa en el funeral y decide quedarse una temporada en casa de India y de su inestable madre (Nicole Kidman). Aunque al principio desconfía de él, pronto se da cuenta de que tienen mucho en común.

‘Stoker’ supuso en 2013 el debut en el cine occidental del surcoreano Park Chan-wook, autor de obras como ‘Sympathy for Mr.Vengeance’, ‘Sympathy for Lady Vengeance’, ‘Soy un cyborg’, ‘Thirst’ y sobre todo ‘Old Boy’, que le dio un reconocimiento unánime y le puso en el punto de mira de la comunidad cinéfila. Con ‘Stoker’ apuesta por un modelo de cuento gótico, con una mansión en medio de la nada en la que vive una familia un tanto peculiar, que con sus vestimentas y su decoración pasada de moda parece vivir en otra época. Los Stoker están alejados de los vaivenes del mundo y llevan su existencia como buenamente pueden hasta que tras un desgraciado incidente aparece un elemento extraño que alterará el equilibrio y revolucionará la vida de los que allí habitan.

Park no se molesta en disimular el carácter del tío Charlie, cuya primera aparición, observando desde un altozano a la familia, es un homenaje a una de las imágenes icónicas de ‘Psicosis’ y no es el único que el realizador surcoreano brinda a Hitchcock en esta película. Desde el primer momento se nota que Charlie está tramando algo, tal y como no tardará en descubrirse, pero la obviedad con la que se caracteriza a este personaje no deja de ser un modo de mostrar la influencia y el poder desestabilizador que tiene sobre otros. La madre parece olvidar con rapidez que acaba de quedar viuda y la hija, esa chica que acaba de cumplir los 18 años, empieza a salir de su encierro vital para descubrir de la mano del tío Charlie algunas cosas sobre el mundo que la rodea y también sobre sí misma. En este sentido, una de las escenas que relatan la química y la identificación que se construye entre ambos es aquella en la que un breve concierto de piano acaba teniendo otro sentido.

Conocer los entresijos que mueven al tío Charlie acaba por ser un “McGuffin” en el guión escrito por el actor Wentworth Miller (el protagonista de la serie televisiva ‘Prison Break’), un pretexto para ir a lo que de verdad le interesa a su director. Porque más allá del misterio y del “quién hizo qué”, Park dota de mayor relevancia a las obsesiones de sus personajes, plasmadas en una puesta en escena pulcra, sutil y morbosa, que crea un suspense pegajoso hasta su catarsis final. Y los detalles nos cuentan cosas, como esos zapatos blanquinegros que siempre lleva puestos la joven India, que acabará descubriendo cuál es su verdadera naturaleza.

Mia Wasikowska brilla aquí con luz propia con una interpretación tan contenida como intensa de India, una chica retraída con perversiones y deseos ocultos. Porque a su tristeza tras la muerte de su padre le seguirá una desconfianza hacia su tío que se irá transformando en atracción, al tiempo que se distancia de su madre, con la que nunca ha conectado. Wasikowska empezó dando vida a mujeres de aspecto adorable en ‘Alicia en el país de las maravillas’ o ‘Jane Eyre’, pero donde de verdad ha demostrado su talento es encarnando a personas de las que uno nunca está seguro de saber qué es lo que les pasa por la cabeza (y que tan bien ha sabido escenificar en cintas posteriores, como ‘Maps to the Stars’). Matthew Goode debe hacer frente al personaje más obvio de la trama y eso también le lastra, limitándose a poner una cara de cabroncete (y a usar los cinturones de forma poco agradable) que funciona pero a la que le faltan matices y que le convierte en la arista más endeble del trío de actores protagonistas.

Por su parte, Nicole Kidman está algo más entonada como la madre reprimida, en uno de esos personajes secundarios que le están dando una vez pasados sus mejores tiempos a causa de una serie de malas decisiones (una adicción al bótox que le ha dejado una frente lisa como pista de aterrizaje y una gran pérdida de expresividad en el rostro, aparte de algunos papeles que nunca debería haber aceptado, tipo ‘Embrujada’, ‘Bajo amenaza’ o ‘Sígueme el rollo’). No obstante, quien tuvo, retuvo y la actriz australiana tiene aquí algunas escenas que merecen verse.

‘Stoker’ es una película que no rompió taquillas (apenas 10 millones de euros recaudó en su exhibición comercial a lo largo del mundo), pues apuesta más por la creación de una atmósfera pausada, de una limpieza aparente pero malsana en su interior, al estilo de sus protagonistas, algo que no convence al público que va buscando intrigas facilonas de buenos y malos sin ambigüedades. Pese a todo, lo que no atrajo a la mayoría ha servido para convertir al filme de Park Chan-wook en producto de culto y en un notable cuento sobre las oscuridades que tantas veces se engendran en el seno de las familias. Un cuento en el que la moraleja está en sintonía con ese refrán castellano que asegura que la cabra siempre acaba tirando al monte, del mismo modo que la flor no escoge su color.