‘Les Combattants’ (2014) de Thomas Cailley

Hace tiempo que vi ‘Les Combattants‘ (2014). Bueno, mejor dicho, fue hace muchos meses coincidiendo con su estrenó en las pantallas francesas. Y, ahora, que se encuentra en las carteleras españolas la recuerdo tan dulce como enigmática a la vez. Ese gusto agridulce que dejan ciertas películas: las que exigen un nivel de lectura más profundo que la misma interpretación de un sueño porque todo parece adoptar una forma un tanto diferente a la que estamos acostumbrados con obras contemporáneas. El leitmotiv de la película es la relación de amor de juventud que se forja entre Madeleine (Adèle Haenel) una mujer fuerte y musculosa que se está preparando para entrar en el ejército y Arnaud (Kévin Arzaïs), un joven peón acostumbrado al trabajo duro y a la ausencia de esplendor y aventuras en su vida. Aunque a simple vista parezca tan cristalina y tan escurridiza como el agua, es simplemente un boomerang del que esperamos su vuelta y que aún no lo hemos divisado en el cielo.

Coincidió el estreno con una de mis primeras noches en Lyon. No sé aún por qué motivo me dejé arrastrar, literalmente, por mi compañera de piso hasta toparnos sin darnos cuenta con la cartelera fuera del cine. Una recomendación de la que yo no tenía ni idea. Una película de la que únicamente conocía pocos trabajos de su coprotagonista, Adèle Haenel, tales como ‘Lirios de agua’ (2007) de Céline Sciamma, ‘Spiritismes’ (2013) de Guy Maddin o ‘L’homme qu’on aimait trop (2014) de André Techiné. Y ya está. Lo que parecía arriesgarse demasiado fue la antesala del éxito. Ahora, que hace poco que ha llegado a España, aprovechad para ir a verla. Hay muchos motivos por los que disfrutar de una comedia romántica pero sin que sea tan previsible y clásica, que tienda a la broma fácil y a los running gags mal ejecutados, sino que ésta se deja moldear por los incesantes tijeretazos dramáticos que se asoman para reafirmar la variación y el cambio imprevisible de las emociones humanas.

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Un retrato cómico y decadente contemporáneo que se mezcla por una total elegancia y sobriedad francesa, ésa que se mantiene hierática y firme como un guante cuando afloran los sentimientos en su totalidad o los sucesos más escabrosos. Aunque es cine francés puro y duro en el uso de los diálogos y en la propia interpretación de los personajes, todos los elementos danzan en otra pista de baile. Haciendo gala de un lenguaje y estética más propio del cine indie americano o rozando ciertos aspectos de lo que llamaríamos cine social, Les Combattants (2014) debut del director galo Thomas Cailley, es la fórmula perfecta para combatir el aburrimiento veraniego. Y nunca mejor dicho. Momentos dulces pero con algunos más amargos sirven para conformar una pieza con secuencias más que interesantes, totalmente acordes con la realidad que describe. De la que podemos correr de la mano aunque tenga ese punto de secretismo que se oculta bajo un velo semitransparente que el propio director no quiere destapar en ningún momento.

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Una lectura que nos obliga hacerla de forma exógena aunque, si bien lo pensamos, podemos sonsacarle hasta sus propias raíces. Porque aquello esencial en esta película es el tiempo y el uso que se hace de él a lo largo de las distintas secuencias o hasta cómo éste influye en la misma evolución de los personajes. Están claras esas evocaciones provenientes de Éric Rohmer por lo que compete al ritmo lento o a esos diálogos tan ricos y bien simultaneados o, por otro lado, también se puede desgranar esa ambigüedad misteriosa y cautivadora con la que hace gala el propio Jacques Rivette, acompañada en esta cinta por una teatralidad en las acciones un tanto redundante y que termina cansando un poco.

Sin querer somos testigos de un humor ácido que transita del puro sarcasmo a la seriedad absoluta para constatar una fría relación amorosa que se teje al ritmo de una lectura al más estilo de Proust pero con un atractivo visual sobresaliente. Todo tan reflexivo como las palabras que intercambiamos con mi compañera de piso al salir de la proyección. Tras su paso por la Quinzaine de Réalisateurs de Cannes (2014) y recibir menciones como el FIPRESCI u obtener el César a Mejor ópera prima, Mejor actriz para Adèle Haenel así como Mejor actor revelación para Kévin Azaïs, merece totalmente la pena sentarse ante ella durante los 96 minutos que tiene de duración. Id, es una recomendación porque el buen cine, al fin y al cabo, nunca está de más absorberlo y, como no, dejarse llevar por sus ríos cristalinos aunque estés encadenado junto a tus amigos (o solo) en las multitudinarias hileras vacías de las butacas del cine.

Adèle Haenel and Kévin Azaïs in LOVE AT FIRST FIGHT

Adèle Haenel and Kévin Azaïs in LOVE AT FIRST FIGHT