La decima vittima (Elio Petri, 1965)

ladecimavittima03

Por Ramón Rey

Los años sesenta fueron testigos del fenómeno de la globalización de la cultura pop, reafirmada por la preponderancia de los medios de comunicación masivos, y también de la revolución sexual. El desafío a los roles de género establecidos dio pie a un conflicto directo entre hombres y mujeres al cuestionar las concepciones tradicionales de lo masculino y lo femenino. ‘La decima vittima‘ es un reflejo de una época convulsa en la que dos formas completamente distintas de percibir el amor, el sexo y las relaciones se enfrentaban en un campo de batalla global. Una sátira ambientada en una distopía futurista que aprovecha también para denunciar la televisión como un poderoso instrumento de control que sirve para desviar la atención del público de los asuntos de verdad importantes, mientras se accede legalmente a todo tipo de drogas como remedio para cualquier necesidad o mal, ya sean reales o inventados.

En un tiempo no muy lejano los gobiernos de todo el mundo han conseguido minimizar la violencia de la sociedad y evitar las guerras organizando la Gran Caza, un juego a vida o muerte que permite canalizar las tendencias agresivas y entretener al resto de los ciudadanos que siguen su desarrollo a través de la televisión. A Marcello sólo le queda superar la décima y última ronda como víctima para obtener la fortuna y gloria que otorga el título de campeón, enfrentándose a la cazadora asignada por computadora para asesinarle de la que desconoce su identidad. Todo el film se configura así como un baile de cortejo letal entre dos individuos de orígenes y motivaciones muy distintos en una mordaz e ingeniosa representación de la guerra de sexos. La permisividad con una violencia estructural planificada es el contexto ideal para expresar el peligro de las siempre cambiantes reglas no escritas de la seducción.

ladecimavittima02

‘La decima vittima’ aborda el miedo al compromiso y la falta de honestidad y pérdida de significado en las relaciones en una civilización en la que ya no es necesario justificar con tradiciones o normas sociales la búsqueda del placer en otros. Mientras las rémoras de costumbres e instituciones que han perdido su poder como guía moral lo único que hacen es atormentarnos, el nuevo orden parece ser toda una promesa de felicidad. Pero la libertad y la posibilidad de actuar sin miedo a las repercusiones exige un ejercicio de responsabilidad mucho mayor que la dictadura de lo convencional. El riesgo a que sea nuestra vida la que carezca de sentido al despojar de toda importancia las decisiones personales que tomamos es otro elemento a tener en cuenta en una sociedad enloquecida por la falta de principios, que busca refugio en el consumo compulsivo para paliar la insatisfacción crónica y el vacío existencial.

La ambientación futurista de la película se basa en un llamativo y estimulante tratamiento visual que explota las tendencias del diseño moderno de la época y la influencia de la moda de la era espacial, otorgándole una autenticidad atemporal. La pérdida de la trascendencia social de la cultura al margen de lo más efímero y en formato audiovisual y la obsesión por la fama y la celebridad también están presentes, confiriendo al relato una relevancia definitiva y actual en su acertado pronóstico de un mundo sometido a la telerrealidad. El tono irónico de los diálogos y la comicidad que desprenden sus secuencias, con una intención inherentemente autoconsciente, envuelven sin disimulo una visión oscura y amarga del rumbo que ha tomado la humanidad. El progreso, lamentablemente, nunca podrá acabar con el egoísmo y la hipocresía que nos empeñamos en utilizar siempre para hacer prevalecer nuestros intereses y deseos más íntimos.

ladecimavittima04