‘Secuestrados’: el horror irrumpe en el hogar

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Por Enrique Abenia

En condiciones normales, el hogar es un espacio personal o familiar que evoca seguridad. En el fondo se concibe como refugio (invita a olvidar los problemas laborales o el estrés cotidiano), de ahí el impacto que generan las películas en las que la ansiada calma desaparece y emerge el horror, representado en unos asaltantes encapuchados. La temática favorece la implicación del espectador con las víctimas al basarse en el miedo que provoca un peligro hipotético pero real. En 2010, Miguel Ángel Vivas rodó ‘Secuestrados’, intenso y contundente ‘thriller’ que conviene recuperar para analizar la evolución del director ante el estreno de ‘Extinction’, drama con elementos de terror destinado al mercado internacional. La premisa motivó que la propuesta se comparara con ‘Funny Games’ (rememorada en el guiño inicial con los palos de golf), si bien ambos títulos difieren en sus pretensiones. Michael Haneke reflexionó sobre la violencia y el disfrute sádico de quien la ejerce, mientras que el director español ofreció un eficaz entretenimiento de género sustentado en un atractivo estilo formal.

Los planos secuencia, cuya dinámica invita al cinéfilo a contar su número exacto y a detectar el momento en que finalizan, otorgan fuerza a la historia. Esta muestra la pesadilla a la que se enfrenta una familia de clase alta cuando unos ladrones irrumpen en su casa la noche en la que sus miembros iban a celebrar el cambio de domicilio. El prólogo, marcado por la imagen de un hombre ensangrentado con una bolsa en la cabeza que lucha por respirar, ya evidencia la crudeza del tono. La exposición del contexto de la mudanza depara después unos minutos de tranquilidad, aunque el público reconoce la estructura del guión y sabe que pronto aparecerá la barbarie, razón por la que recela desde el principio de la actitud de los trabajadores contratados para efectuar el traslado.

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Una vez ejecutado el secuestro, el relato desarrolla dos tramas paralelas y refleja las presiones que recibe el padre para sacar su dinero del cajero y las vejaciones que la esposa y su hija adolescente padecen mientras en la vivienda. Como ocurre en este tipo de producciones, el carácter formulario del argumento se acepta porque el interés reside en el modo de construir la tensión, realzada por el recurso ocasional de la pantalla partida para articular situaciones simultáneas.

En su segundo largometraje (debutó con ‘Reflejos’ en 2001), Vivas demuestra oficio y transmite desasosiego aunque la violencia no se manifieste de manera física, por ejemplo en la escena en la que uno de los captores se sienta junto a las mujeres en el sofá con objeto de ver la televisión. Fiel a la tradición del ‘thriller’ truculento, ‘Secuestrados’ no deja espacio para la esperanza y la aparente resolución ‘feliz’ se transforma (atención ‘spoiler’)…

…en un cruel clímax.

El trabajo de Vivas se complementa con unas buenas actuaciones. La credibilidad del trío protagonista permite que se perdone que, en lo referente a su espíritu de supervivencia, los personajes siempre elijan la peor opción, circunstancia habitual en el género. A la solvencia de Fernando Cayo y Ana Wagener se suma la angustia que, entre sollozos, refleja Manuela Vellés en un papel emparentado con el perfil de las ‘scream queens’.

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