“Sólo se trata de que no se haga aburrido” (Blind, 2014. Skil Vogt)

Por Henar Álvarez

El amor es ciego. Esa ceguera nos hace permitir y cometer muchas tonterías en nuestras relaciones, pero la mayor de las estupideces en que podemos incurrir es en alejar de nuestro lado a la persona que amamos. Aunque no estoy de acuerdo en absoluto con la famosa sentencia “para amar, hay que amarse antes a uno mismo”, sí es cierto que si no te aprecias acabarás siendo una persona insoportable con la que convivir sea una carrera de obstáculos nivel pro. Tener algún tipo de minusvalía, defecto físico o estar gordo no te convierte automáticamente en un buena persona, ahí están varios personajes de la filmografía de Buñuel que nos recuerdan que se puede ser pobre o tullido y un grandísimo hijo de la gran puta. ¿Y qué tiene que ver esto con lo que estábamos hablando? Se preguntarán. La protagonista de ‘Blind‘ es ciega. No asume su situación y dedica gran parte de su tiempo libre, de todo su tiempo, a escribir una novela sobre las mil y una formas en que su marido la engaña con prostitutas, con mujeres en chats privados e incluso con otra invidente que en el fondo es ella misma. Le ama pero no puede evitar dinamitar su relación, quizá porque el dolor siempre es menor cuando te preparas para un mal que consideras inminente.

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Blind‘ es enigmática, sofocante y, sin embargo, muy vitalista. Skil Vogt dirige lo que he percibido como una alegoría de las relaciones personales autodestructivas. Dos no se destruyen si uno uno quiere, sería la moraleja que destila la ópera prima del director noruego. Vogt es un habitual colaborador de Joachim Trier, firma junto a él los guiones de ‘Reprise‘, ‘Oslo, 31 de agosto’, y ‘Louder Than Bombs‘.

Ingrid (Ellen Dorrit Petersen) lucha por salir del aburrimiento en que le tiene presa su ceguera. No es ciega de nacimiento, lo que hace su situación mucho más terrible. Lo que no se conoce no se puede echar de menos, debe ser por ello que los pobres deseamos dinero pero los ricos se suicidan cuando se arruinan. Ingrid no duda en querer seguir viva pero debe convivir 24 horas con su soledad, un apartamento recién estrenado y la psicosis que deriva de tener mucho tiempo libre. Sospecha que su marido le espía aprovechándose de su minusvalía, que le engaña, que se avergüenza de ella y que no finaliza su relación porque lo sentiría como un abandono. Nada de ello es cierto.

Que levante la mano quien no haya vuelto loco a su partenaire con imaginaciones fruto de un cerebro que trabaja demasiado, quien no haya lanzado comentarios hirientes con la intención de obtener una verdad que no existe, quien no haya dado un portazo antes de tener que enfrentarse a una ruptura que solo habitaba en su fantasía. Mi más sincera enhorabuena a quienes han sido “los otros” en todas estas situaciones y, con cariño y paciencia, han conseguido salvar su amor de las cenizas. “Es fácil, sólo se trata de que no se haga aburrido”.

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