‘Oculus’, el oscuro reflejo de los traumas

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Mirarse ante un espejo forma parte de la rutina, por lo que no se suele dar importancia al hecho en sí. Sin embargo, los complejos e inseguridades personales afloran cuando el objeto muestra aspectos que generan rechazo, circunstancia a partir de la que la ficción explora el temor primario asociado a nuestro reverso o convierte el cristal en una puerta de la que emerge la amenaza. Películas como ‘The broken’, ‘Reflejos’ o ‘Candyman’ se enmarcan en una doble vertiente a la que ‘Oculus. El espejo del mal’ se aproxima con la particularidad de que supedita el terror al drama familiar. La atmósfera subraya la turbia aura que rodea a la antigüedad, factor que el director Mike Flanagan concibe como manifestación y origen de la tragedia que atormenta a los protagonistas. Presente y pasado se alternan para después entrecruzarse en un relato en torno a los traumas que por su impacto condicionan la realidad. El filme, editado en España en DVD, tuvo una fugaz etapa en salas dentro de la iniciativa Sitges Tour debido a su paso por el Festival en 2014.

Una pesadilla orienta sobre los oscuros recuerdos de la infancia que golpean a dos hermanos. Tras años de internamiento psiquiátrico, Tim se reencuentra con Kaylie. Él quiere olvidar la noche en la que murieron sus padres, pero ella se ha preparado para enfrentarse de nuevo al suceso, ya que a su juicio todo se debió a la maligna influencia de un espíritu contenido en un viejo espejo. La perspectiva de la joven, en contraste con la lógica que defiende Tim, remarca que en ocasiones creer en lo imposible ayuda a enmascarar el verdadero horror, o al menos a hacerlo más digerible. La postura explica que Kaylie prepare un experimento con el que documentar mediante cámaras la existencia del ente, planteamiento inspirado en un cortometraje previo de Flanagan, a su vez guionista junto a Jeff Howard.

La escena en la que Kaylie destapa el espejo en el trabajo y siente una presencia alrededor, momento efectivo aunque convencional, parece que va a marcar la dinámica de la historia, si bien Flanagan cambia el tono (el momento solo sirve para introducir el terror) y obvia los sobresaltos habituales sustentados en los efectos sonoros. El desarrollo acontece en la casa familiar, donde el siniestro objeto provoca que los personajes rememoren los hechos en forma de alucinaciones que establecen una doble línea temporal formulada con habilidad.

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La figura del padre enloquecido remite por defecto a ‘El resplandor’, pero ‘Oculus’, lejos de buscar esa referencia, expone que el cristal también altera el comportamiento de la madre, interpretada por Katee Sackhoff, rostro de ‘Galáctica’. La propuesta alude a la premisa del objeto maldito que destruye a sus distintos propietarios a lo largo del tiempo, característica expresada en un plano de simbólico vampirismo.

A pesar de que la resolución requería una mayor intensidad, la obra, encabezada por Karen Gillan (con papeles en ‘Doctor Who’ y ‘Guardianes de la galaxia’) y Brenton Thwaites (protagonista de ‘La señal’ y ‘Son of a gun’), posee interés para el aficionado por una elección estilística que aporta matices a los elementos del género.

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