‘Una semana en Córcega’: Sueños de verano

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Ahora que declina el verano y que la mayoría de la gente ha apurado sus vacaciones, llega el momento de pensar en lo que ha dado de sí el período estival y si ha aportado alguna respuesta a nuestras inquietudes. Porque muchos se toman vacaciones como una huida de la rutina y de las miserias cotidianas, pero lo cierto es que los problemas que tengan previamente no se solucionan por sí mismos y continúan ahí una vez que los días libres se han terminado. En vacaciones podemos tratar de hacer cosas que no hacemos en el día a día, quizá creyendo que disponemos de carta blanca para salir de nuestros límites, pero las consecuencias, positivas o negativas, se dejan notar igualmente. Aunque el buen tiempo pueda darnos alas para tratar de escapar a lo que se espera (o esperamos) de nosotros, la realidad sigue siendo la misma y tarde o temprano viene a pedirnos cuentas. Y algo así les sucede a los protagonistas de ‘Una semana en Córcega’.

Antoine (François Cluzet) y Laurent (Vincent Cassel), dos divorciados parisinos de cuarenta y tantos años, deciden pasar las vacaciones en Córcega junto a sus respectivas hijas, Louna (Lola Le Lann) y Marie (Alice Isaaz). Lo que parecía una semana perfecta, se complica cuando Louna se enamora de Laurent y provoca todo tipo de enredos para intentar seducirle.

‘Una semana en Córcega’ está dirigida por el francés Jean-François Richet, un realizador especializado en el thriller, con cintas tan destacables como las dos entregas de ‘Mesrine’ y que también ha tenido su oportunidad de pasar por Hollywood, para realizar el remake de ‘Asalto al distrito 13′ que en su día hiciera John Carpenter. Si atendemos a estos pasos previos, resulta sorprendente ver a Richet envuelto en una historia de amores de verano, presidida por un tono algo naïf y despreocupado, seguramente más influido por su coguionista Lisa Azuelos (directora de ‘LOL’ y su remake americano o ‘Reencontrar el amor’). El filme es una versión de ‘Un moment d’égarement’, comedia setentera que también sirvió de inspiración para el ‘Lío en Río’ de Stanley Donen y que no deja de ser una historia ya clásica por lo manoseado de la propuesta.

Las tramas en las que un hombre maduro se ve envuelto en una relación platónico/amorosa/sexual con una mujer mucho más joven han sido ampliamente exploradas en el cine, sin ir más lejos en películas tan celebradas como ‘Lolita’, la adaptación de la novela de Vladimir Nabokov. Aunque han sido más frecuentes las historias donde el hombre mayor seduce a la jovencita, también hemos visto el lado inverso, donde es una mujer la que se hace con los afectos de un hombre más inexperto, como en ‘El graduado’ o ‘Harold y Maude’. Estas relaciones surgen siempre de la fascinación de la insegura juventud por la sensación de seguridad que se percibe en la madurez, cuando lo cierto es que el personaje más adulto tiene tantas o más inseguridades, al estar más curtido en decepciones de todo tipo. Incluso puede darse el caso de que sea el personaje joven el que acabe llevando la voz cantante en la relación y acabe aprovechándose y dañando al más veterano, que esperaba una oportunidad de encontrar un alivio a su amargura vital. Lamentablemente, Jean-François Richet no está a la altura de Stanley Kubrick, Hal Ashby o Mike Nichols y los resultados no son los mismos.

‘Una semana en Córcega’ sigue los patrones más convencionales, dignos de novela rosa y vodevil, que uno pueda imaginarse a la hora de afrontar la convivencia de un hombre de mediana edad con una adolescente. Él está divorciado, se conserva bien y tiene su atractivo físico, con una personalidad relajada que le hace ser un padre liberal con su hija. Ella es la hija de su mejor amigo, que le ha educado bajo unas normas más tradicionales y que sin embargo tiene un espíritu soñador que le lleva a sentirse atraída y a coquetear con ese hombre mayor que parece tener algunas respuestas a aquello que ella no entiende del mundo. Cuando la relación se consuma llega la hora de la comedia de enredo, con él tratando de ocultar la aventura a su mejor amigo mientras ella juguetea con él, sin importarle que se sepa la verdad. El mejor amigo es además un hombre algo neurótico y afectado por la relación con su mujer, por lo que la confesión se hace más difícil de afrontar. Como ven, la situación les sonará familiar de haberla visto previamente.

Muchas veces el problema del cine no es que las historias se puedan repetir (de argumentos ya vistos siguen apareciendo películas maravillosas), sino el modo de contarlas, que en el caso de las cintas más comerciales es siempre similar. Richet se deja llevar por lo más obvio en el retrato de esa relación con tintes prohibidos (aparte de ser la hija de su amigo, ella es aún menor de edad) y la enmarca en un entorno incomparable, como son los bellos parajes corsos en los que discurre esta trama veraniega. Laurent y Louna se dejan llevar por ese influjo mediterráneo y después deben apechugar con las consecuencias, pues no solo se trata de ellos, sino de las personas que están cerca y de las normas sociales, que no descansan ni en verano y a las que no les importan si ellos son más abiertos o más cerrados de mente. Es en estos apuntes dramáticos donde está lo más interesante de un filme donde la comedia ligera predomina. Con una trama parecida y un desarrollo más curioso se desarrollaba la reciente ‘Dos madres perfectas’, donde Naomi Watts y Robin Wright se intercambiaban a sus retoños, creando un lugar propio alejado de ciertas obligaciones.

Lo que no se puede negar  en ‘Una semana en Córcega’ es que los actores escogidos dan el pego a la hora de dar vida a sus personajes. El rostro duro y turbio de Vincent Cassel le ha forjado cierta aura de sex symbol que le viene al pelo para interpretar a ese madurito que atrae la atención de la intrigante Louna, a la que Lola Le Lann le dota de ese encanto que la hace diferente de tantas otras adolescentes. Por su parte, François Cluzet, al que sus más de 30 años de carrera en el cine francés le han valido para ser conocido como el inválido de ‘Intocable’, aporta oficio al rol más pasado de vueltas de la historia.

‘Una semana en Córcega’ no es una mala película, es entretenida y se deja ver, pero no deja ser una muestra más de esas cintas estivales que ofrecen una trama de aires escapistas para aquellos que sueñan con lugares paradisiacos y posibles amoríos con gente guapa, que los saquen de una cotidianeidad más insulsa. Porque en verano todo parece posible, hasta que se acaba.