Festival de San Sebastián – 2ª Jornada – Mi gran noche, Evolution, Me and Earl and the dying girl, Isla bonita

Por Henar Álvarez

Pintalabios, confeti, caos, libertinaje, lentejuelas, divas, licra, mamadas, cuernos, corrupción, tacos, tetas y pectorales. ‘Mi gran noche’, el último trabajo de Alex de la Iglesia, es un homenaje a lo vulgar, una oda a ese gran circo que es la televisión de entretenimiento. Telecinco ha sido, sin duda, la última musa del director vasco.

Más es más. ‘Mi gran noche’ es una masa caótica de cuerpos humanos celebrando la entrada de un año que no ha llegado, es una mirada irónica y mordaz de la cultura del jeta tan imperante en nuestro país. Se sirve de un plató de televisión para reírse con descaro de nuestra situación actual: Sindicatos, parados, corruptos, gente hambrienta de fama, famosos arrogantes e hijos no deseados. Todos tienen cabida en un film asfixiante y claustrofóbico, cuando uno se adentra en la rueda de la ambición solo puede salir si está muerto.

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El director vuelve a contar con su troupe de actores habituales, pero Raphael les ha robado los focos. La escena en que se muestra al espectador por primera vez es desternillante y consiguió arrancar el aplauso del público. Para mi sorpresa, él no es realmente el protagonista de ‘Mi gran noche’, de hecho es un película coral sin una trama principal definida. Si las historias de los diferentes personajes se hubieran montado una a continuación de la otra, podríamos haber descrito el film como una amalgama de cortometrajes que comparten tiempo y espacio. Precisamente, es el tiempo lo que se le ha ido de las manos a Alex de la Iglesia en esta película: Un arranque desbocado da paso a un clímax interminable. A veces, hay que pisar el freno para no estrellarse. Una última cosa les pido, observen sin prejuicios el trabajo de Mario Casas interpretando a un Chayanne descerebrado y algo pervertido. De lo mejorcito del film. Palabra.

Por Ramón Rey

Como cualquier alumno de EGB sabe, toda la vida sobre la Tierra procede de los océanos. ‘Evolution’ (Lucile Hadzihalilovic, 2015) comienza con una ambiciosa transición entre planos que cubre temporalmente desde el origen de los organismos acuáticos a un niño nadando en el mar, para a continuación plantear qué sucedería si en los humanos se diera un pequeño paso de regreso a nuestros remotos orígenes. Todo ello con un elemento fantástico diseñado narrativamente para jugar con la idea de la subversion de la asimetría de género en la reproducción humana. Su mayor error es empeñarse en desarrollarlo de forma innecesariamente críptica para crear un misterio que no es precisamente lo más interesante de su relato. Afortunadamente tanto su tratamiento visual, la inquietante atmósfera y lo estimulante de su discurso y su simbolismo compensan este pequeño desatino efectista.

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‘Evolution’, de Lucile Hadzihalilovic

El sello de Sundance cubre un amplio espectro de producciones, pero todos tenemos en mente el reconocible universo de personajes, historias y temas recurrentes que cineastas con pretensiones pseudoartísticas y estilos impersonales calcan unos de otros como fotocopiadoras. En la sección Perlas se ha podido ver el último fenómeno del industrializado festival de cine independiente, ‘Me and Earl and the Dying Girl’ (Alfonso Gomez-Rejon, 2015). Una producción muy dirvertida y con corazón que trata el cáncer con delicadeza y naturalidad, mientras analiza con toques satíricos la dinámica social del instituto, la amistad entre los jóvenes y las relaciones maternofiliales. Su director demuestra poseer al menos una mirada renovadora y autoconsciente de la corriente de dramedias indie adolescentes que pueblan la cartelera en los últimos tiempos, utilizando y desafiando sus clichés con el mínimo de originalidad exigible al aproximarse a este tipo de películas. Además, el uso de referencias cinematográficas está muy bien integrado y la cinefilia del personaje protagonista resulta no sólo convicente sino parte integral de su caracterización.

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‘Me and Earl and the dying girl’, de Alfonso Gomez-Rejon

Por último, uno de los directores clave de la comedia española durante las décadas de los ochenta y noventa presentaba su última obra en la sección Zabaltegi, ‘Isla bonita’ (Fernando Colomo, 2015). Se trata de una cinta con un acercamiento naturalista en la fotografía y los diálogos, a la que se adivinan unas intenciones autoreflexivas demasiado obvias y que no aportan gran cosa a un argumento irremediablemente simple. El propio Colomo también protagoniza dando vida a un experimentado director de anuncios publicitarios que pasa unos días en Menorca, donde se reencuentra con un viejo amigo y establece relación con otros personajes que viven sus pequeños dramas en la isla. Una intrascendente cinta a medio camino entre la autoparodia personalista y el egocentrismo de un cineasta que no necesita este tipo de gestos a estas alturas de su vida y su carrera. Lo más destacable del film es la presencia de la joven actriz Olivia Delcán, a la que también podremos ver en ‘Lejos del mar’ (Imanol Uribe, 2015), que aquí demuestra una gran versatilidad y frescura.

Fernando Colomo y Olivia Delcán en ‘Isla Bonita’, de Fernando Colomo