‘Irrational Man’ (Woody Allen, 2015): Historias de un viejo conocido

Woody Allen es uno de esos afortunados que con su trabajo ha conseguido hacerse un hueco en la historia del cine, al dejar un legado con nombre propio a través de sus películas. El cine de Woody Allen es un género en sí mismo, con tramas cómicas y dramáticas que hablan de algunas de las grandes preocupaciones del ser humano, mostrando lo honorable y lo ridículo que habita en nosotros, nos guste o no. Puede ser terapéutico para aquellos que se identifican con sus inquietudes, pero no suele ser una fuente de respuestas, sino una exposición que hace surgir más preguntas que cada uno debe resolver a su manera, al estilo de esas sesiones de psiquiatría que Allen ha frecuentado durante años y que ha reflejado en tantos filmes. Es por eso que sigue haciéndolos de manera anual a pesar de sus casi 80 otoños, porque necesita la distracción que le produce hacer películas para no pensar en las cuestiones que le agobian, aunque casi nunca esté contento con el resultado. Para muchos, es un genio, pero para él mismo es un director más y se niega a volver a ver sus trabajos para no tener que arrepentirse de los errores que siente haber cometido, incluso en las obras que todo el mundo considera maestras. Sus películas, salvo honrosas excepciones, ya no tienen la frescura de aquellas realizadas en las décadas de los 70, los 80 y los 90, pero él sigue siempre hacia adelante, tratando de conseguir que las musas le pillen trabajando para inspirarle la obra definitiva. Dice que le gustaría haber hecho más dramas, al estilo de su admirado Ingmar Bergman, pero al ver que la gente se reía viéndole a él y escuchando sus ocurrencias, decidió apostar también por la comedia. Si el año pasado tiró por el humor en ‘Magia a la luz de la Luna’, esta vez toca drama con ‘Irrational Man’.

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‘Irrational Man’ es una película totalmente fiel a los intereses de su creador. Si no supiéramos nada de ella ni viéramos los créditos no tardaríamos en darnos cuenta de que es una obra de Woody Allen. Aquí están las reflexiones sobre Dostoievski, la vida y la muerte, la culpabilidad, el sentido de la vida y la moralidad ante los actos delictivos que encontramos en filmes como ‘Delitos y faltas’, ‘Match Point’ o ‘El sueño de Cassandra’. Aquí están también sus personajes de buena posición social y sólida formación intelectual que no están contentos con su existencia y que buscan un cambio a través del contacto con otras personas o albergando ideas que se salgan de su habitual sistema de creencias.

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Abe (Joaquin Phoenix) es un hombre que siendo racional no ha cosechado más que fracasos. Ha intentado cultivar su mente con la lectura de todos los filósofos que en el mundo han sido y se ha implicado en movilizaciones sociales y obras de caridad. Pero el resultado es que su mujer le abandonó por su mejor amigo y llegado a la mediana edad se encuentra estancado dando clases a alumnos apenas interesados por los grandes pensadores, sin que su saber y su activismo hayan valido para nada. Ni siquiera el interés que su carácter atormentado provoca en las mujeres le causa satisfacción, pues en ello ve la repetición de las cosas que salieron mal en el pasado. Abe se mantiene deprimido hasta que un día comprueba cómo un acto irracional e incluso condenable, impropio de un hombre de su altura intelectual, le devuelve las ganas de vivir.

En su llegada al campus universitario de una pequeña ciudad costera, Abe causa un interés inmediato en Rita (Parker Posey), una solitaria profesora que busca que le rescate de su infeliz matrimonio. Por su parte, Jill (Emma Stone), su mejor estudiante, termina por convertirse en su amiga más cercana. A pesar de que Jill está enamorada de su novio Roy (James Blackley), no puede evitar encontrar irresistible la personalidad artística y atormentada de Abe. Incluso cuando Abe deja señas de su desequilibrio mental, la fascinación de Jill no hace más que crecer. Rita es la mujer de vuelta de todo que no se resigna a una vida mediocre de clase media en una localidad sin muchos estímulos y se siente atraída por toda la vida anterior y el mundo interior que percibe en Abe. Algo en lo que coincide con Jill, aunque ella aún es una estudiante que busca su lugar en el mundo, no deja de ser una versión más juvenil de Rita. Todavía no ha llegado a recibir todo el peso de la vida corriente sobre sus hombros y experimenta el idealismo de comprobar lo que sería lograr una mayor intimidad con ese hombre que parece saber tanto del mundo.

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Como comentaba al principio, el cine de Woody Allen no está encaminado a darnos respuestas y tampoco lo hace con sus personajes, que muchas veces terminan en el mismo lugar donde empiezan o quizá peor. Sin desvelar detalles de la trama, estos tres protagonistas aprenden una serie de lecciones que, como se dice en el filme, no están en los libros de texto y que acaban por demostrar que la realidad suele ser mucho más prosaica que cualquier teoría filosófica, sometida a un azar que la hace incontrolable. Todos buscamos respuestas al caos tantas veces incoherente que es la vida, pero lo cierto es que solo hay preguntas y certezas volubles. Todo esto nos lo cuenta Allen con una puesta en escena aparentemente distraída (sus críticos lo achacan a una habitual vagancia formal), donde tenemos la sensación de que las secuencias se nos muestran ya empezadas o se cortan antes de acabar, como buscando ir al meollo del asunto sin más contemplaciones. Una sensación que se hace más evidente con la existencia de un tema musical central que se repite a lo largo del metraje, acompañando varios momentos de las evoluciones de sus personajes. Una forma de presentar las historias que, buscada o no, nos proporciona una sensación de ligereza por oscuras que sean las tramas.

‘Irrational Man’ no va a ser una de esas películas que se destaquen cuando se hable de la filmografía de su director, pero no deja de ser una buena muestra de un talento que siempre está presente y que sabe darnos unas cuantas pinceladas para pensar en ellas, como esa necesidad del placer egoísta (más allá de la legalidad o la moralidad) para encauzar la propia vida. Joaquin Phoenix y Emma Stone hacen un buen trabajo como el atribulado profesor y la encantadora alumna en busca de nuevas experiencias y me quedo con ganas de profundizar un poco más en el personaje de Parker Posey que, junto con el del novio de Emma Stone, acaban siendo desfavorecidos por el avance del argumento. Sea como fuere, ya queda menos para la próxima cinta de Woody Allen y para que vuelva el debate sobre si el veterano autor ha recuperado el vigor de años pasados o si su cuesta abajo es inevitable. Mientras tanto, otros seguiremos acudiendo a la cita y reencontrándonos con las historias de un viejo conocido, que por sabidas no dejan de ser interesantes.