‘Eden’ (Mia Hansen-Løve, 2014): Paraísos cerrados

Todos tenemos una vocación, algo a lo que nos gustaría dedicar nuestra vida profesional para que el trabajo fuera además de un modo de subsistencia un modo de satisfacción. Sin embargo, solo una parte puede hacer sus sueños realidad e incluso algunos de los que se dedican a su vocación lo hacen de un modo tan precario que la situación acaba siendo más una condena que una bendición. Quizás sea por eso que las carreras universitarias y asignaturas de Humanidades están siendo cada vez más postergadas, como modo de decir a aquellos interesados en la historia, la filosofía, el arte o la literatura que de eso es muy difícil comer en un mundo en el que lo que importa es lo que seas capaz de vender. Incluso en la cultura es más fácil vivir si uno se convierte en un personaje y hace el papanatas o se las da de predicador, soltando cuatro lugares comunes que hace pasar por verdades absolutas. Uno ve estas cosas y al final le entran ganas de tirar todo por la borda y optar por el menor de los males, dedicándose a otra cosa, consciente de que son unos pocos los elegidos y que no tienen por qué ser los mejores, simplemente basta con que vendan bien lo suyo. Las decepciones están a la orden del día y a ello se refiere, dentro del mundo de la música electrónica, la película ‘Eden’.

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‘Eden’ es el cuarto largometraje como directora de la francesa de origen danés Mia Hansen-Løve, que empezó su andadura en el cine como actriz de la mano de Olivier Assayas (que se convertiría en su pareja) en ‘Finales de agosto, principios de septiembre’ y ‘Los destinos sentimentales’. Tras unos años escribiendo críticas en Cahiers du Cinéma dio el salto tras las cámaras en ‘Todo está perdonado’, para continuar con ‘El padre de mis hijos’ y ‘Un amour de jeunesse’. Si en ‘Un amour de jeunesse’ se inspiraba en sus propias vivencias como adolescente, en ‘Eden’ Hansen-Løve recurre a la experiencia de su hermano mayor Sven como DJ para una crónica que hace bueno aquello de que la vida es lo que sucede mientras hacemos planes.

Paul (Félix De Givry) en ‘Eden’

Cuenta Hansen-Løve que le costó bastante encontrar financiación para ‘Eden’, pues muchos productores arrugaban el ceño cuando veían esa historia de un DJ de perfil bajo, que nunca alcanza las mieles del éxito y que tampoco protagoniza grandes momentos de catarsis. Porque el que espere grandes fiestas discotequeras llenas de gente hasta arriba de drogas y música machacona y luces de neón a tope ya se puede ir olvidando de ver esta película, ya que el enfoque de su directora es mucho más minimalista. La acción abarca dos décadas, entre 1992 y 2013, en las que asistimos a los avatares vitales de Paul (Félix De Givry), un joven que quiere buscar su hueco en el mundillo de la música electrónica cuando esta empieza a bullir. Sin embargo, muchos son los llamados y pocos son los elegidos y Paul verá como su sueño se estanca mientras un par de chavalines tímidos que empiezan al tiempo que él acaban logrando el toque definitivo. Ellos son Thomas Bangalter y Guy-Manuel de Homem-Christo o, como se les conoce artísticamente, Daft Punk.

Daft Punk

Muchos conocen a Daft Punk por canciones que han sido emitidas mil veces por las radiofórmulas, tipo “One More Time” o “Get Lucky”, pero los músicos (ocultos tras unos cascos robóticos) han hecho grandes composiciones, influidos por el funk, el house y la música disco. Y para el cine han compuesto la estupenda banda sonora de ‘Tron: Legacy’.

Pero mientras aparecen unos Daft Punk muchos otros se quedan por el camino y eso es lo que le sucedió a Sven Hansen-Løve en la realidad y a su álter ego Paul en ‘Eden’. A lo largo de las dos horas de metraje asistimos a sus evoluciones como DJ y su apuesta por el garage house en fiestas no demasiado concurridas. Entretanto, va distrayéndose con numerosas relaciones amorosas que no llegan a buen puerto (como la que mantiene con el personaje interpretado por la estadounidense Greta Gerwig, en una aparición especial), coquetea con las drogas, asiste a la suerte dispar de sus compañeros y amigos (con los que llega a mantener un debate sobre la importancia cultural de ‘Showgirls’) y aguanta los reproches de su madre, que le insta a tener un trabajo “normal”, en el que pueda ganar un dinero que no le está dando la música.

Julia (Greta Gerwig) y Paul (Félix De Givry) en ‘Eden’

Louise (Pauline Ettienne) y Paul (Félix De Givry) en ‘Eden’

El final de la película no puede ser más descorazonador, cuando en la sencillez de unos pocos planos que no necesitan de mayor explicación está resumida la situación en la que se ha quedado el personaje después de dos décadas de ilusiones. Paul ha querido cumplir esa máxima de mantenerse fiel a los propios principios para triunfar, pero el resultado no ha sido precisamente el esperado.

Paul (Félix De Givry) en ‘Eden’

Mia Hansen-Løve no comparte los mismos intereses creativos que los hermanos Coen, pero viendo ‘Eden’ no pude dejar de pensar en el paralelismo que tenía con ‘A propósito de Llewyn Davis’, en su retrato de un muchacho empeñado en hacerse un hueco en el género musical que ama y encontrándose con un panorama en el que su talento no es tomado muy en serio. Si en la cinta de los Coen Llewyn Davis veía de refilón a un debutante Bob Dylan, aquí a Paul le pasa lo mismo con unos Daft Punk que llegarán a donde él ansía.

Paul “conoce” a Daft Punk en ‘Eden’

‘Eden’ es una destacable muestra de la carrera de una directora que se está especializando en hacer cine sobre la decepción en sus diversas facetas, así como sobre el poder del amor, ya sea a otras personas, a un modo de ver la vida o a una profesión. Todo ello retratado de forma impresionista, con cierto distanciamiento pero entendiendo a todos sus personajes. Del mismo modo que entendía la difícil relación entre el padre y la hija de ‘Todo está perdonado’, al productor cinematográfico de ‘El padre de mis hijos’ (que pasaba dificultades para estar con su familia, a pesar de que nunca estaba en compañía de grandes estrellas ni asistía a grandes estrenos) y a la Camille de ‘Un amour de jeunesse’, lejos de ser protagonista de espectaculares amores sin fin. Por eso sus personajes no dejan ser una extensión de la propia realizadora. Porque Hansen-Løve entiende que en la vida no suelen tener lugar los prodigios del cine y así lo quiere retratar con su cámara, a través de sensaciones, aún a costa de que esa visión anticlimática le pueda aburrir a alguno o le ponga a ella misma en dificultades para lograr financiación. Por de pronto, parece que el año que viene volveremos a tener noticias de ella con un nuevo trabajo, protagonizado por Isabelle Huppert y que nos brindará la oportunidad de confirmar si nos hallamos ante una de las voces más interesantes del reciente cine europeo.

Mia Hansen-Løve