‘Frío en julio’ (Jim Mickle, 2014): La culpa frente a la sordidez

Best-Cold-in-July

La culpa altera la realidad, de forma que resulta difícil regresar al estado emocional anterior, situación que se agrava cuando en paralelo se descubren la podredumbre y la sordidez que permanecen ocultas. En ‘Frío en julio’, Rich (personaje interpretado por Michael C. Hall) sufre el impacto derivado de ver sacudida su vida normal en un pueblo de Texas en 1989. La película, de título evocador, comienza como una historia en la que un hombre se enfrenta a una amenaza enraizada en la venganza, pero a partir de un aparente caso de corrupción policial el ‘thriller’ se transforma y confluye en un ‘western’ de rabia liberadora. Con objeto de apreciar mejor sus matices, el espectador debe aproximarse a la obra con la menor información posible. La adaptación cinematográfica de la novela homónima de Joe R. Landsdale ratifica la condición de autor de Jim Mickle, director cuya atractiva filmografía incluye la road movie vampírica y crepuscular ‘Stake Land’ y ‘Somos lo que somos’, con un aterrador discurso sobre las costumbres como herencia impuesta. Por ‘Frío en julio’, Mickle fue premiado en el Festival de Sitges de 2014.

El inicio remite a los casos de legítima defensa que acontecen en el hogar. Un ruido inquieta a una mujer en la noche y su marido, nervioso, carga una pistola y tras unos segundos de duda aprieta el gatillo. El suceso lleva aparejado el simbolismo, ya que el largometraje se abre con un plano fijo que muestra una pared del salón, salpicada después por la sangre del extraño. El matrimonio limpia y pinta la habitación y compra otro sofá, si bien las manchas remueven la conciencia de Rich. El protagonista, afectado, asiste al entierro de la víctima, momento en el que se encuentra al padre de esta, un exconvicto, y surge el conflicto.

El relato, bien construido, desarrolla con coherencia la evolución argumental, iniciada a raíz de que Rich se percate de la manipulación en la que se ha visto envuelto. La decisión que toma en las vías del tren expone que no hay vuelta atrás y que quiere averiguar la verdad aunque implique riesgos. Por ello en otra escena del tramo final regresa con sus compañeros de viaje cuando tenía oportunidad de olvidar el asunto.

CIJ_STILL-354

Con una narración enfocada a la intriga, Mickle aporta detalles que adquieren significado (no es casual que en el autocine proyecten ‘La noche de los muertos vivientes’) y en su modulación de la dinámica del thriller incluso se permite incorporar leves apuntes de humor. Asimismo, la fotografía manifiesta los cambios en la trama desde una perspectiva estética, aspecto evidenciado al pasar del tono oscuro representativo de la amenaza a la luminosidad para retratar la fugaz euforia de Rich, convencido de que todo ha acabado con la detención de Russel.

El espíritu del western, latente por la ambientación sureña y por el perfil de los personajes, aumenta de intensidad en el asalto que supone la resolución. La respuesta violenta ante el horror de la amoralidad más atroz conduce al sosiego de un hombre que por fin puede descansar por la noche con su familia.

Michael C. Hall sabe transmitir las sensaciones que atormentan a Rich. Su trabajo se complementa con la intensa actuación de Sam Shepard (en un papel vinculado al drama) y con la presencia de Don Johnson, en un curioso registro de detective. Nick Damici participa en su doble faceta de colaborador habitual y actor fetiche de Mickle, junto al que firma el guión.

cold-in-july