‘Marte: The Martian’: El primer marciano es humano

Ridley Scott es uno de esos directores que suele provocar controversia. Para algunos es alguien que apuntó muy buenas maneras con sus tres primeras películas, ‘Los duelistas’, ‘Alien, el octavo pasajero’ y ‘Blade Runner’, para después diluirse en producciones de menor interés. Para otros es un realizador que, tras un comienzo glorioso en el cine, ha acabado siendo irregular, con filmes destacables y otros olvidables. Personalmente, me incluyo en este último grupo, pues me parecen resaltables cintas como ‘Thelma y Louise’, ‘Gladiator’, ‘El reino de los cielos’ (especialmente su versión extendida), ‘American Gangster’, ‘Red de mentiras’ o ‘Prometheus’. Incluso sus fracasos (los más recientes, ‘El consejero’ y ‘Exodus: Dioses y reyes’) tienen algún momento digno de recordarse y todas sus obras forman un conjunto cargado de altibajos, propio de alguien que nunca ha sido un autor propiamente dicho (su filmografía puede ser engarzada más por su buen trabajo visual que por otra cosa) ni tampoco un artesano al servicio del sistema, sino más bien una mezcla de ambos. A sus casi 80 años, Scott sigue facturando cine de gran presupuesto con un espíritu que ya quisieran muchos con la tercera parte de su edad, a un ritmo de casi una película por año y tras la fallida epopeya sobre Moisés que nos entregó en 2014, vuelve a las carteleras con ‘Marte: The Martian’.

Durante una misión tripulada a Marte, el astronauta Mark Watney (Matt Damon) es dado por muerto tras una feroz tormenta y abandonado por la tripulación. Pero Watney ha sobrevivido y se encuentra atrapado y solo en el planeta hostil. Con suministros escasos, deberá recurrir a su ingenio y a su instinto de supervivencia para encontrar la manera de comunicar a la Tierra que sigue vivo.

Mark Watney (Matt Damon), con sus compañeros de expedición

Watney es abandonado a su suerte en Marte, al creerle muerto

Marte, el llamado planeta rojo, ha causado siempre una gran fascinación en nuestro mundo y no son pocos los relatos literarios y cinematográficos (incluso musicales) que han hecho hipótesis sobre cómo sería la vida en aquel lugar, sus habitantes y los peligros que podrían suponer para la raza humana. La ciencia parece haber demostrado que en Marte no hay seres de color verde con antenas y trompetillas (los marcianos de las versiones más chuscas) y que en el mejor de los casos pueden ser microorganismos originados en el agua que pueda existir. La novela “El marciano” del estadounidense Andy Weir, autopublicada en 2011 y que ha logrado convertirse en un fenómeno de ventas, es la base en la que se ha inspirado el guión de Drew Goddard (‘La cabaña en el bosque’), en el que la amenaza es la propia supervivencia del cuerpo humano, sin seres extraños pululando alrededor. De esta manera, el astronauta Mark Watney se convierte, a su pesar, en el primer marciano confirmado y en ese planeta deberá seguir con su vida mientras trata de comunicarse con la Tierra, esperando un rescate.

Crear sus propios alimentos será clave para la supervivencia de Watney

Ridley Scott ha bregado en el género de la ciencia-ficción con monstruos y androides y, en ‘Marte: The Martian’, lo hace simplemente con el hombre enfrentado a su insignificancia en el cosmos y usando los atributos que lo hacen humano para sobrevivir. El sentido del humor ante el drama de verse solo en un planeta lejano y sus conocimientos de botánica serán sus armas para no dejarse llevar por la pulsión de muerte que a cualquiera le vendría en una situación similar. El enfoque recuerda al que usó Robert Zemeckis en ‘Náufrago’ y mientras Scott nos retrata la soledad del astronauta y cómo va improvisando remedios con los artilugios que tiene a su alcance (hablando a las cámaras de la estación espacial aunque sea para sí mismo, por no perder la cordura), la peripecia se hace de lo más entretenida. Sin embargo, pasado ese primer tercio, en el que no echamos en falta a nadie más, Watney consigue contactar con la Tierra y comienza el revuelo en la NASA para ver los modos de rescatar al hombre al que se creía muerto. Entran en escena una serie de personajes que discuten sobre los modos de comunicarse y de rescatar a Watney y la trama pierde fuelle con el protagonismo desviado a nuestro mundo.

Los personajes de Jeff Daniels, Chiwetel Ejiofor y Kristen Wiig buscan la mejor manera de rescatar al astronauta

Por ahí aparecen altos mandatarios debatiendo sobre si merece la pena gastarse una gran cantidad de dinero y arriesgar otras vidas humanas en el rescate de un solo hombre y, cuando la noticia se hace global, la NASA recibe la inesperada ayuda de otras personas e incluso de otras potencias mundiales. Todo este buenismo cogido un poco con alfileres, los golpes humorísticos (dentro de la agencia espacial norteamericana resulta difícil encontrar un mapa de Marte) y las clases de “física y astronáutica para dummies” para explicar fácilmente lo que está sucediendo (entendible por ser una película dirigida al gran público, pero poco creíble entre científicos de la NASA), hacen que la trama empiece a chirriar y salga a la luz lo peor de su director, al que a veces se le van de la mano los recursos para hacer más comerciales sus cintas. Afortunadamente, recupera el buen pulso para el tramo final y nos brinda un clímax que está a la altura de lo planteado inicialmente y que deja con buen sabor de boca. Su habitual pericia visual sale a relucir con una puesta en escena planteada a la vieja usanza, sin abusar de efectos digitales para hacernos sentir en ese Marte ubicado en las arenas cobrizas del desierto jordano de Wadi Rum, habitual en producciones espaciales, donde el director ya ambientó algunas escenas de ‘Prometheus’ y donde David Lean rodó buena parte de ‘Lawrence de Arabia’.

En ‘Marte: The Martian’ Scott cuenta con un reparto plagado de rostros conocidos, como Jessica Chastain, Jeff Daniels, Sean Bean, Chiwetel Ejiofor o Kristen Wiig (en un registro más serio de lo que suele ser habitual, dejando los chistes para otros personajes), que cumplen con lo que se espera de ellos. Aunque el que destaca es un Matt Damon que está estupendo como ese Robinson Crusoe del espacio que busca soluciones a sus problemas mientras escucha canciones de los 70 y los 80. Se da la circunstancia de que, tras ‘Salvar al soldado Ryan’ e ‘Interstellar’ es la tercera vez que debe ser rescatado en la ficción, algo que ya ha dado lugar a algunas bromas por Internet.

La película es una buena muestra de cómo se puede hacer cine comercial sin hacer de menos al espectador, más cercana al espíritu lúdico de ‘Gravity’ que al de ‘Interstellar’ (cuyas pretensiones no fueron suficientes para acercarla ni de lejos a la trascendencia de ‘2001: Una odisea del espacio’). No es una película que hará cambiar de opinión a los que piensen que lo bueno de Ridley Scott terminó con ‘Blade Runner’, pero nos hace pasar un buen rato a los que acudimos a la cita con el realizador británico a sabiendas de que mantiene el toque y que de vez en cuando sigue acertando.

Ridley Scott en el set de rodaje de ‘Marte: The Martian’