‘Rams (El valle de los carneros)’- Entrevista con Grímur Hákonarson

Aunque la evolución del mundo nos afecta a todos por igual y, queramos o no, los sucesos que pasan en la otra parte del planeta acaban haciéndose sentir de alguna manera en nuestra vida, el ritmo de evolución sigue teniendo sus diferencias y hay lugares donde tarda más en manifestarse. El campo suele ser considerado un lugar donde parece aquilatarse el tiempo y donde muchos buscan refugio ante los agobios del día a día. Donde parece imperar un orden diferente, con sus propias leyes, de modo que los más urbanitas acaban sintiéndose desorientados ante esa comunión más franca que los allí nacidos establecen con la tierra que pisan. Sin embargo, por tranquilo y apartado que parezca un reducto rural, siempre acaba surgiendo el momento en el que el resto del mundo se manifiesta. Y eso es lo que les sucede a los protagonistas de ‘Rams: El valle de los carneros’.

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Gummi (Sigurður Sigurjónsson) y Kiddi (Theodór Júlíusson) son hermanos y vecinos en un solitario valle de Islandia. Se dedican al cuidado de sus ovejas, premiadas en numerosas ocasiones como las mejores de todo el país por su antiguo linaje ancestral. Aunque comparten tierras y estilo de vida, Gummi y Kiddi no se hablan el uno al otro desde hace décadas. Una enfermedad mortal repentina infecta una de las ovejas de Kiddi, por lo que todo el valle se verá amenazado y las autoridades obligadas a sacrificar a todo el ganado de la zona para frenar la enfermedad. Esto se convierte en una sentencia de muerte para algunos granjeros, que tienen en las ovejas su principal fuente de ingresos. Pero Gummi y Kiddi no se rinden tan fácilmente aunque para hacer frente a las autoridades tengan que dejar a un lado viejas rencillas del pasado.

Gummi (Sigurður Sigurjónsson) y Kiddi (Theodór Júlíusson)

‘Rams: El valle de los carneros’ es el segundo largometraje del islandés Grímur Hákonarson, que plasma la peculiar historia de estos dos hermanos que viven solos, en las mismas tierras, sin hablarse por viejas rencillas desde hace décadas y acompañados únicamente por aquello a lo que han dedicado sus mayores esfuerzos vitales: sus carneros y sus ovejas. Animales de los que ambos parecen haberse contagiado de su apariencia con sus barbas y cabellos desmadejados. Una sola cosa les mantiene en contacto; un perro, que hace de correo cuando deben transmitirse algún mensaje. Gummi parece llevar la situación mejor que Kiddi, entregado al alcoholismo, pero su aparente serenidad no deja de ser un parapeto tras el que camufla sus emociones.

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La película es una historia a caballo entre el drama y la comedia. Con ese negro sentido del humor tan del gusto de muchas producciones nórdicas que, por momentos, provoca que uno pueda reírse y compadecerse al mismo tiempo de lo que le sucede a los personajes. Recuerda también a aquellas cintas británicas de los Estudios Ealing (‘Pasaporte para Pimlico’, ‘Whisky a go-go’ ) en las que un argumento sencillo envuelve a un excéntrico grupo humano para poner de manifiesto ideas sobre el sentido del mundo y de una vida en la que reír, parece la mejor opción ante las zancadillas del día a día. Porque lo bueno de estas historias es que, estando ambientadas en latitudes que nos pueden parecer lejanas, nos hablan de cosas muy reconocibles. El tono ocre de los paisajes islandeses es el escenario ideal para desarrollar un puñado de vidas no mucho más luminosas, tan conectadas a esos paisajes y a una forma de supervivencia que son tan antiguas como las rivalidades que enfrentan a los hermanos.

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Grímur Hákonarson dirige con buen pulso una historia que ha sido galardonada con el Premio a la Mejor Película en la sección “Un Certain Regard” del pasado Festival de Cannes y de la Espiga de Oro en la reciente Seminci de Valladolid, además de haber sido seleccionada por Islandia para participar en la carrera de los Oscar. Con el propio Hákonarson tuvimos la oportunidad de hablar a su paso por España de una película en la que los ovinos tienen tanta importancia que pasaron por un casting previo.

Grímur Hákonarson, director de ‘Rams (El valle de los carneros)’

– ¿Cómo surgió la idea de hacer la película?

Está basada en una historia que me contó mi padre sobre dos hermanos que vivían en las mismas tierras y estuvieron sin hablarse durante 40 años por una chica de la que ambos se enamoraron y, aunque ella no quiso saber nada de ellos, eso les enfrentó. Pero decidí dejar fuera la parte romántica porque, al mismo tiempo, quería hablar de la conexión que sienten los granjeros de Islandia con sus ovejas.

– El tono es dramático, pero también hay un curioso sentido del humor que parece muy propio de los países nórdicos ¿Depende el humor de dónde seamos?

Pues sí, porque en Estados Unidos ven esta película más como una comedia y en Europa se ve más como un drama con toques de comedia. De todos modos, el humor negro es muy propio de los países escandinavos. La situación en sí misma ya tiene humor, con esos hermanos que viven juntos y no se hablan nunca.

– He leído que uno de los grandes retos fue hacer un casting de los carneros.

Sí, hicimos un casting. Yo luego no tuve problemas en trabajar con ellos, de hecho parecía que mientras íbamos filmando parecían saber lo que tenían que hacer. Es más fácil con las ovejas, que se quedan en su sitio durante el rodaje y no dan complicaciones. Muy diferentes a los actores, que muchas veces tienen complicaciones personales y dan más trabajo. Recomiendo trabajar con carneros (risas).

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– La película refleja esa tensión entre el mundo rural tradicional y los peligros de la modernidad.

Hoy día, en Islandia, es muy difícil vivir de la cría de carneros. Hace décadas era la principal actividad económica del país pero supongo que, económicamente, la cría de vacas es más segura.

– La película ha ganado premios en los Festivales de Cannes y Valladolid y ha sido seleccionada por Islandia para competir en la carrera de los Oscar ¿Qué sientes cuando ganas un premio?

Yo encantado. Es la primera vez que Islandia gana un premio importante en Cannes y eso ayuda a vender la película en muchos países. No lo esperaba la verdad. Solo quería hacer una película honesta y realista sobre la cría de ovejas en mi país y todo este éxito me ha sorprendido. Lo más importante es que demuestra que si una película es buena todo el mundo quiere verla. Si finalmente nos nominan a los Oscar, no dudes de que iré a Los Ángeles y me pondré el esmoquin (risas).

– ¿Le gustaría hacer películas en Hollywood, como es el caso de su paisano Baltasar Kormákur (‘Contraband’, ‘2 Guns’, ‘Everest’)?

Somos directores muy diferentes. Él hace muchos géneros y rueda guiones de otras personas mientras que yo prefiero dirigir mis propios guiones, mis propias historias. Si tuviera la oportunidad de filmar con alguna compañía independiente y pudiera hacer las películas como yo las veo, no tendría ningún problema en trabajar allí.

– ¿Que le parece que los parajes de Islandia se hayan convertido en los últimos años en un lugar de rodaje para infinidad de producciones? La serie ‘Juego de tronos’ y películas como ‘Prometheus’ o ‘La vida secreta de Walter Mitty’ son tan solo algunos ejemplos.

Esto sucede porque en Islandia hay una devolución de impuestos del 20 por ciento y los rodajes vienen genial para dar trabajo a técnicos islandeses que se pueden quedar allí, ya que la industria del cine en mi país es muy pequeña. Además, la experiencia que consiguen, la pueden usar  luego en producciones domésticas. Nuestra gran baza es la naturaleza, pero hay empresas que quieren establecer fábricas allí y pagar pocos impuestos y mucha gente se niega a que eso pase. La gente de Islandia es un poco como los hermanos de la película (risas).

-¿Se conoce el cine español en Islandia? ¿Se estrenan películas españolas?

Sí,  se conoce a directores como Pedro Almodóvar o Carlos Saura, pero sobre todo a Almodóvar, que tiene muchos admiradores, especialmente entre las mujeres. Por ejemplo, una película española reciente que se ha visto en Islandia ha sido ésta de dos policías de los años de Franco que investigan un crimen, ¿cómo se llamaba en español?

-Creo que se refiere a ‘La isla mínima’.

Eso es, buena película (risas).