‘The Assassin’: Latitudes de cine

El wuxia (narraciones ambientadas en la antigüedad, trufadas de luchas con artes marciales y amores folletinescos) es un género muy popular en la cultura china y por ello también lo han practicado directores cuyo cine ha tenido otro tipo de intereses y aspiraciones. De este modo, Ang Lee lo desarrolló en ‘Tigre y dragón’, Zhang Yimou en ‘Hero’, ‘La casa de las dagas voladoras’ y ‘La maldición de la flor dorada’ y Wong Kar-Wai en ‘The Grandmaster’. Podría decirse que el wuxia es al cine chino lo que el western al estadounidense, un modo de explicar, desde la épica, el origen de sus países, ya marcados por las pasiones humanas que siempre han estado ahí. Y el último en hacerlo ha sido el taiwanés Hou Hsiao-Hsien con ‘The Assassin’.

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China, siglo IX. Nie Yinniang (Shu Qi) regresa a casa de su familia tras años de exilio. Educada por una monja que le inicia en las artes marciales, es una auténtica justiciera cuyo objetivo es eliminar a los tiranos. Su maestro le encarga la misión de matar a su primo Tian Ji’an (Chang Chen), gobernador disidente de la provincia militar de Weibo. Nie tendrá que elegir: sacrificar al hombre que ama o romper definitivamente con aquello para lo que ha sido formada.

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Hou Hsiao-Hsien logró el Premio al Mejor Director en Cannes por ‘The Assassin’, como una especie de reconocimiento de un país, el francés, que ha sido uno de los que mayor relevancia y difusión ha dado a su cine en Europa, con obras como: ‘El maestro de marionetas’, ‘Millenium Mambo’ o ‘El vuelo del globo rojo’. Hsiao-Hsien acude en esta ocasión al wuxia para mostrarlo desde una óptica más realista y menos épica (crepuscular, si mantenemos el paralelismo con el western), alejado de ampulosas coreografías de luchas a cámara lenta, colores saturados y actores voladores que declaman metáforas del ser humano y la naturaleza. Eso no significa que descuide la imagen, pues dota a la historia de una curiosa aura fantasmal, con los protagonistas hablando muchas veces entre cortinas, visillos y veladuras diversas, en un ambiente intimista que pone a prueba la paciencia del espectador medio.

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Y es que la latitud de una película marca, de un modo u otro, su manera de apreciarla. En China buena parte del cine que se consume es de producción propia, con una presencia limitada de las producciones occidentales (algo que los magnates de Hollywood quieren cambiar, viendo las cantidades que pueden ingresar en un mercado potencial de cientos de millones de personas), a las cuales nosotros estamos más acostumbrados. Estamos hechos a una cierta manera de entender las historias y de verlas desarrolladas en pantalla y de ahí que muchas veces el cine oriental se vea con gran pereza, al considerarlo aburrido. En estos casos hay que tratar de esforzarse un poco más y conocer las causas culturales de unas narrativas que no coinciden con la que tenemos asumida. Por ejemplo, en la India la gente se vuelve loca por esos musicales floridos de 3 y 4 horas que aquí se nos harían (casi) imposibles de soportar, pero una vez que investigamos sobre los motivos y las características que llevan al triunfo de esa manera de ver el cine podemos llegar a apreciar lo que nos cuenta. Del mismo modo que aquellos ajenos a nuestro país pueden verse sorprendidos con el gran aprecio del público por comedias del estilo de ‘Ocho apellidos vascos’ y similares, sin entender la idiosincrasia de la sociedad española. Por ello, cintas como ‘The Assassin’ deben ser tenidas en cuenta en función de lo que representan, en este caso el wuxia con un cierto toque autoral.

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Hou Hsiao-Hsien ha manifestado que no ha pretendido hacer un gran espectáculo, sino algo más cercano a las películas de samuráis de Akira Kurosawa (que vio como Hollywood adaptaba ‘Los siete samuráis’ en ‘Los siete magníficos’, en esa comentada traslación de la misma historia para diferentes audiencias), donde lo importante son las filosofías que entraña ser un guerrero y no las escenas de acción, que de hecho son pocas y breves. La asesina protagonista ha sido educada para hacer su labor de forma rápida y certera, como si fuera un ave en vuelo y eso se deja notar en los momentos de lucha de espadas, planteados de manera naturalista, sin apenas cámaras lentas ni música enfatizadora. Incluso en ocasiones la acción abandona el primer plano y se mira en plano general, desde lejos, como si el espectador pasara por allí y se encontrara de repente a cierta distancia de donde se está produciendo una pelea.

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Esa sobriedad en las peleas se traslada también al guión, en el que la mayoría de los diálogos hacen referencia a la situación política que enmarca la historia y a los motivos que llevan a la asesina a querer eliminar a su primo y sus dudas entre seguir los mandatos de su corazón y la obediencia a su mentora. Hsiao-Hsien deja que la acción respire a un ritmo pausado y contemplativo, lo que puede resultar indigesto para más de uno y que hará que muchos se reafirmen en sus prejuicios sobre el ritmo de las películas orientales. No obstante, ‘The Assassin’ es un filme de indudable interés y que merece ser visto y apreciado como una muestra de cómo un género con unas características definidas y unas historias universales de fácil comprensión puede ser interpretado y adaptado a un particular modo de pensar.

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